No voy a escribir una sinopsis de este libro. Supongo que no es necesario, ya que se trata de una historia muy conocida para la mayoría de los aficionados a la lectura.  Pero pienso, más bien, en aquellos que todavía no lo han leído y desconecen de qué trata.

Nos hallamos ante un libro que clama a gritos que lo abordemos desde el desconocimiento total de su argumento. Todo lo que diré es que la historia está escrita desde el punto de vista de un niño de ocho años, Bruno, que es el protagonista de la misma. A partir de ahí, descubriremos quién es, donde vive y, lo más importante, qué está ocurriendo a su alrededor. Su estilo es, por tanto, un lenguaje sencillo, pero no por ello deja de engancharte enseguida, transmitiendo la inocencia de su protagonista y haciéndonos intuir que algo más ocurre aparte de lo que el niño está relatando. Una proeza literaria lo de escribir con el lenguaje de un niño algo que solo pueden comprender los adultos.

Como curiosidad diré que su autor, el irlandés John Boyne, escribió una primera versión de la historia al completo en tan solo dos días (se trata de un relato bastante breve) y que concibió la idea pensando que podría tratarse de un libro tanto para adultos como para niños, a pesar de que el tema que trata es extremadamente serio. En sus propias palabras, fue “algo distinto a todo lo que había escrito antes”. Y me alegra que lo hiciera. También ha ganado varios premios y ha estado en la lista de los libros más vendidos.

Respecto a mi opinión personal, se trata de una de las mejores novelas que han pasado nunca por mis manos. Inolvidable, encantadora y con un emotivo final que mueve las entrañas. Una historia muy breve, como ya he dicho, que puedes terminar en apenas unas horas y dudo mucho que salgas decepcionad@. Y sobre todo, si no la has leído, te recomiendo que te hagas con un ejemplar enseguida. ¡Pero que nadie te cuente de que va!

Juan Sauce

Lector y dibujante de cómics desde que tengo memoria, descubrí mi interés por los libros a una edad tardía, casi acabada la adolescencia, con dos obras muy concretas: “El Principito”, de Antoine de Saint-Exupéry y “El joven peregrino”, de Helen L. Taylor. Ambos relatos repletos de metáforas; quizá por eso es mi forma favorita de narrar, una manera imaginativa de compartir mis ideas. Me gusta la fantasía, la ciencia ficción y la aventura. Me interesa la psicología, la religión y la naturaleza. Sueño con escribir para niños y jóvenes, aunque desde esta ventana voy a intentar llamar la atención de lectores de todas las edades. A ver si lo consigo...

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