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Usted caballero, si, usted, ese que porta esa sonrisa que me atrapa, que hace que me entregue a ella haciéndome perder la noción del tiempo. Usted, con esa boca llena besos que no he probado pero que siento míos, besos lentos cautivadores, sutiles, sensuales, apasionados… Usted, que es poseedor de unos labios a los que incluso mi imaginación es incapaz de resistirse. Labios jugosos, labios que, sin tocar los míos, hacen que me estremezca con sólo imaginar su cercanía, su tibieza, su suavidad. Labios que si rozan los míos, pierden su inocencia y se entregan a una pasión oculta, una pasión qué solo usted y yo conocemos, una pasión a la que necesitamos dar rienda suelta, que nos quema por dentro, que nos recorre tan sólo con pensarnos. Usted caballero sensible y seductor, que de vez en cuando me mira haciendo que deje de ser yo, hechizándome y controlando mi voluntad. Una voluntad que queda a su merced, a la merced de unas manos suaves y cálidas, unas manos que tiemblan cuando me tocan por primera vez, pero que lentamente se entregan a lo que sienten, al roce con una piel que lo anhela, a una piel que desea sentirlo, que quiere perderse entre sus caricias. Usted que me regala un guiño cuando me da los buenos días, que hace que su perfume inunde mis sentidos, que los envuelva. Usted con su saber estar, con su delicada forma de tratarme, con una voz intensa como el chocolate más puro. Usted, envuelto en ese halo de misterio que lo hace irresistible, que habita en mi mirada, en mi boca, en mi cuerpo, en mi pensamiento… A usted he de decirle que provoca mi desvelo, que no hago otra cosa que pensarlo, que sentir su intensidad, la misma que me atrapa cuando lo miro. Usted, que tiene café en la mirada, es el motivo que me quita el sueño.

Begoña de la Rosa

Begoña de la Rosa

El susurro del mar es mi nana favorita mientras me dejo atrapar por sus idas y venidas incesantes. Soy parte de su bravura en los días de tormenta y remanso de paz en las tardes de verano en las que el sol coquetea con la luna antes de sumergirse lentamente entre sus aguas. La exquisitez del aroma del chocolate, su fuerza y su cuerpo forman parte de mí como lo hace el aire. Sin oponer resistencia soy presa de su embrujo como lo soy de las palabras, que se agolpan en mi pensamiento pidiendo a gritos a mis manos que las deje volar. Y como un soplo de aire fresco que entra por la ventana las libero y permito que viajen por un folio en blanco que en pocos segundos recibe parte de lo que soy capaz de crear.
Begoña de la Rosa

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