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La mente circulaba por vericuetos que creía desaparecidos de su memoria. Ignoraba el camino por el que transitaba, y, peor aun, cuál era el final, y el objetivo, de ese recorrido. Se había sentado a descansar antes de proseguir con el trabajo que estaba realizando. Últimamente le pasaba siempre igual, su memoria se resistía a obedecer los cánones que él quería dictarle y huía desesperadamente por rincones que él no conocía.
No supo decir si los ojos abandonaron también el espacio presente y cabalgaron junto a su memoria por ese camino del sueño, o se mantuvieron despiertos sin la conciencia de la realidad cercana. Tampoco le importaba. La realidad y la irrealidad ocupaban desde hacía bastante tiempo un mismo espacio, y era difícil discernir cuáles eran los límites entre ambos estados, si es que los había. Otra vez volvió a tenerla a su lado para recordarle los momentos vividos, para reprocharle todos los momentos pactados que no habían sido descubiertos, para hablar en un espacio cerrado de todos los temas que había interrumpido la muerte. Y se le presentó, como siempre, preciosa. Irresistible, más cercana de como él la recordaba, con ese aire de superioridad que la coquetería siempre le había impuesto. Y, de la misma manera que los últimos días, la conversación terminó con ese halo de misterio que los situaba en un universo de deseos e irrealidades perfectamente realizables. Y con un beso largo, insondable, que dejó en sus labios la presencia constante de ella en su rostro. Habían pasado tres horas, un corto tiempo disfrutado al máximo. Ese aroma, ese tintineo en su boca le serviría para seguir con la faena y esperar su siguiente encuentro con ella, quien no le había abandonado nunca, a la que no pensaba abandonar nunca. Cada vez esos encuentros duraban más tiempo, pero le eran insuficientes. Deseaba proseguir en ese descanso porque aquellas conversaciones le abstraían de otros momentos, porque gozaba del interlocutor querido, porque en la intrascendencia de aquellas charlas percibía la trascendencia de su tiempo. 
Regresó a su tarea con la alegre sensación de la cercanía de la eternidad que llevaba buscando desde hacía meses, desde el momento en que la soledad le había instalado en esa silla donde conciliaba con el sueño la felicidad perdida. No sabía, aunque lo intuía, que de su siguiente duermevela no despertaría jamás. Moriría con esa mezcla del sabor de tabaco y la lascivia de su lengua juvenil en sus labios mientras caminaba de la mano de ella hacia un mundo de ensoñaciones maravillosamente reales.

Del cómic temprano a la novela, también temprana. De ahí a la Literatura en mayúsculas, oficio obliga. Lector ávido. La escritura siempre, aunque se mostrase hasta hace poco en círculos íntimos y en sugerencias y en peticiones de personas allegadas. Surjo del círculo por la ilusión de un proyecto, dar voz a fotos y cuadros, crear historias escondidas en imágenes de otros creadores. Y una secuencia rápida de momentos, participación en certámenes de escritura en vivo, recitación de poemas en varios escenarios, participación en un programa radiofónico donde se unen música y poesía, introducción en el mundo slammer, y la creación ininterrumpida de poemas y relatos. Y siempre el deseo de que mi mente y mis manos sigan asociadas en este mundo de la escritura.

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