Cuando cerró el libro pudo por fin aspirar el aroma de las rosas. Entonces comprendió cada una de las palabras que le habían rozado la piel, incluso aquellas que no habían sido escritas, pero que estaban ahí, latentes, las que golpeaban su memoria insistentes, recordándole cada uno de los motivos por los que había sido tan feliz en su compañía. Tenía esa, ahora, insana costumbre de recibir la festividad de Sant Jordi con una relectura del libro que le había regalado el año anterior, y deleitarse con el tacto de los pétalos secos de la rosa que acompañaba aquel obsequio. Era una lectura íntima que les unía en la distancia. ¿Estaría él haciendo lo mismo? Se lo imaginaba en su misma posición, regando con las lágrimas de la separación aquellos pétalos que habían impregnado sus almas con el aroma de la amorosa complicidad. Lo amaba, estaba segura de que se amaban. Hacía dos meses que se habían separado. Una discusión, en principio bizantina había derivado en reproches mutuos que originó el abandono de un gran amor. Pensó en lo que tantas veces habían comentado ante la separación de amigos comunes, que los grandes amores terminan siempre por pequeñas adversidades, banales, a las que no les prestan la atención debida porque creen en la magnitud de su amor. Y ahora… Pero se amaban, estaba tan segura. Acarició el lomo del libro y pronunció un te quiero que devolvió el aroma a aquella rosa descompuesta que ilustraba las mejores páginas del libro.
No derramó ninguna lágrima. El timbre que avisaba visita le privó de ello. 23 de abril, y si… Una rosa negra y dos libros la contemplaban desde el felpudo. Pero su mirada buscaba con tierna impaciencia a la persona que no estaba. Tardó más de un minuto en acercar su cuerpo a aquellos regalos buscando la tarjeta que debería acompañarles. No había tarjeta. Pero estaba segura de quien le regalaba aquellos libros y aquella rosa… negra.
Le faltaba. Una punzada de dolor se sumó a la alegría que refulgía en su rostro. Abrió el primer libro, sentada en la puerta de su casa. tarjeta no, pero sí dedicatoria: “Se empezó a leer el 23 de abril de 2016. Recuerda que las rosas negras…”. El libro le resbaló de las manos en su torpeza por coger rápidamente el segundo libro. Otra dedicatoria: “Se terminó de leer el 22 de abril de 2017…Las rosas negras simbolizan el amor eterno, más poderoso que la muerte, y más constante que las pequeñas discusiones que le acompañan.”
Bajó las escaleras rápidamente. Lo sabía. Con un beso sorbió de repente las palabras que siempre habían estado, pero que todavía no se habían dicho.

Del cómic temprano a la novela, también temprana. De ahí a la Literatura en mayúsculas, oficio obliga. Lector ávido. La escritura siempre, aunque se mostrase hasta hace poco en círculos íntimos y en sugerencias y en peticiones de personas allegadas. Surjo del círculo por la ilusión de un proyecto, dar voz a fotos y cuadros, crear historias escondidas en imágenes de otros creadores. Y una secuencia rápida de momentos, participación en certámenes de escritura en vivo, recitación de poemas en varios escenarios, participación en un programa radiofónico donde se unen música y poesía, introducción en el mundo slammer, y la creación ininterrumpida de poemas y relatos. Y siempre el deseo de que mi mente y mis manos sigan asociadas en este mundo de la escritura.

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