3.67 Promedio (79% Puntuación) - 3 Votos

Le sorprendió. También su respuesta. No sabía por qué había aceptado aquella propuesta. Era la primera vez que iba a tomar un café con uno de los compañeros de trabajo fuera de la oficina. Había denegado esa invitación en innumerables ocasiones. Pero esta vez era diferente. Miguel era un compañero de trabajo excelente, tenía que decirlo, se habían complementado muy bien en todas las facetas laborales y los proyectos que la empresa les había encargado habían tenido éxitos sin precedentes. Una parte de las mejoras económicas en su sueldo, sin duda, se lo debía a esa cooperación. No pasaba lo mismo en el trato personal, y no es porque él la tratase mal o le hubiese mostrado desafecto en algún momento, no, sino todo lo contrario. Los halagos y la cortesía demasiado afectuosa le irritaban. Ella, una mujer que necesita tener todos sus asuntos en perfecto orden y estado de claridad, no puede soportar la ambigüedad que le supone el asedio constante de atenciones y miradas que su compañero le dedica. Tendría que sentirse obsequiada con tales detalles, pero odia sentirse atrapada dentro de un juego que ella no ha iniciado y que no le interesa. No ama a ese hombre, ni siquiera se siente interesada por dar un paso adelante y proseguir su excelente relación profesional en un ámbito más restringido, más personal, más íntimo. El café le propone un momento adecuado para dejar las cosas como ella quiere que queden, para volver al principio, para expresarle que está equivocado, que sus intereses no pasan del ámbito laboral. Pero no quiere herirle en demasía, sabe que en torno a ese café habrá un juego lúdico que sobrepasará el entorno de calma y prudencia con que ella se dirige a la cita. Espera que el orgullo de hombre herido en sus sentimientos se deshaga en el aroma de un café compartido donde en algún momento podrán retomar alguno de los asuntos que en la oficina no han podido completar. Le molesta tener que aclarar estos detalles a su compañero, pero lo entiende necesario, y le preocupa pensar que quizás él haya actuado así por alguna fragilidad que ella haya manifestado en su relación, aunque entiende que el exceso de imaginación y fantasía que su colega manifiesta en ocasiones también ha influido en esa interpretación errónea. De camino a esta anormal cita presiente, sabe, que goza de la lucidez suficiente para solucionar el conflicto que ha invadido su vida desde hace unos meses.
Fue un acto irreflexivo, pero necesario. Se cruzó con Esther en el pasillo y las palabras salieron solas. Tan libres que el asombro que le produjeron fue mayúsculo. La había invitado a un café vespertino, a una hora en que los asuntos y elementos de la empresa estaban lejos de sus pensamientos. Reconoce también que la rápida respuesta de ella sembró dudas sobre la conveniencia de la propuesta. Le encantaba trabajar con ella. Formaban un equipo exitoso. Las dudas de él se solucionaban con la certeza de ella, y las imprecisiones que alguna vez entorpecían la labor de su compañera eran fácilmente remediados por la validez de sus intervenciones. Se reía cuando algún compañero común le hablaba de la belleza que desprendía, de los aires de seducción que sin proponérselo embaucaban a los clientes, y él asentía con gozo a esos comentarios, y reconocía que experimentaba hacia Esther sentimientos de camaradería y admiración que no había sufrido nunca antes. Pero nada más. Desde hacía un tiempo notaba que ella vigilaba sus actos continuamente y, pese a que ello no interfería sus reuniones de trabajo, le preocupaba que se obsesionase con él. Su comportamiento había sido siempre muy delicado hacia la compañera, afectuoso, como corresponde a un sentimiento de admiración laboral, pero esa desmesurada atención de ella le incomodaba. Últimamente notaba cierta timidez en sus respuestas, y creía haber notado un rubor en sus facciones que antes no aparecían. Tenía que cortar cuanto antes esas sensaciones, decirle que podía entender que ella se sintiese atraída hacia su persona, pero que él no estaba interesado en otra cosa que no fuese una fuerte relación laboral, una complicidad que les siguiese proporcionando éxitos profesionales. Más allá, solo cafés en cualquier despacho de la empresa y el calor afectuoso de charlas sobre asuntos económicos y las risas entremezcladas con que celebraban sus triunfos. Esperaba que su amiga de trabajo, sí, así la sentía, lo entendiese, y que, pese al dolor que ello le pudiese ocasionar, su relación siguiese siendo fructífera y volviesen a ese estado donde la confianza supliese a la timidez y donde sus palabras y saludos no produjesen falsas impresiones en su socia. En todo momento sería preciso en sus palabras, pero también benévolo para no herir los sentimientos de Esther. Todo saldría bien. Estaba seguro de que esta reunión iba a ser tan provechosa como cualquiera de las que habían mantenido con sus innumerables clientes.
Llegan a la misma hora a la cita. La puerta de la cafetería es el punto donde ambos descubren en sus miradas que hay cordialidad en la presencia del otro, y presientes entonces que sus pensamientos estaban equivocados, que no se habían amado nunca, que cualquier gesto anterior entre ellos procedía de un mutuo sentido de responsabilidad y de fascinación. Sonríen, y agradecen en el saludo que haya llegado esta cita para solucionar ese conflicto anterior que atenazaba sus corazones. No saben todavía que ese café les llevará a otras conexiones mucho más cómplices que excederán en mucho la relación personal que hasta entonces tenían. El último sorbo será el principio de una intimidad nunca antes presagiada.

Photo by Kwintin

Del cómic temprano a la novela, también temprana. De ahí a la Literatura en mayúsculas, oficio obliga. Lector ávido. La escritura siempre, aunque se mostrase hasta hace poco en círculos íntimos y en sugerencias y en peticiones de personas allegadas. Surjo del círculo por la ilusión de un proyecto, dar voz a fotos y cuadros, crear historias escondidas en imágenes de otros creadores. Y una secuencia rápida de momentos, participación en certámenes de escritura en vivo, recitación de poemas en varios escenarios, participación en un programa radiofónico donde se unen música y poesía, introducción en el mundo slammer, y la creación ininterrumpida de poemas y relatos. Y siempre el deseo de que mi mente y mis manos sigan asociadas en este mundo de la escritura.

Últimos post porJavier Pintor Muñoz (Ver todos)

Deja un comentario