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Piedra. Piedra. Piedra. Piedra.
Piedras.
Montículos de piedras.
Gemidos.
El olvido en lluvia intermitente
moja nuestros cuerpos.
Las piedras,
descompuestas en guijarros,
lloran.

La columna,
refugiados sin refugio,
humo voluble,
avanza.

Impasibles,
gritos que se pierden
en los ecos de una amarga letanía,
en la lejanía del nada puedo.
Nada puedo.

La deshonra nos condena,
pero en pétrea memoria del olvido,
constante intermitencia,
callamos, enmudecemos,
hasta que desfallecen los sentidos.
De los otros.
decimos.
Y sin saberlo,
de nosotros mismos.

Dejamos lapidada
nuestra conciencia
en el sepulcro del silencio.
La apatía
es nuestra asistencia al entierro,
nuestro voto asertivo al miedo
que convierte las fronteras
en fúnebres pasos
de una muerte anunciada.

El polvo
hecho cuerpo
se detiene,
flirtea con la esperanza,
nos observa,
y la certeza
les acerca a la tierra.

Horror,
horror a ojos visibles,
a vendas superpuestas.
Lentitud en la violencia.
No matan las balas,
sí la indiferencia
de los suyos,
de los tuyos,
de los tuyos, de los tuyos, de los tuyos,
de los nuestros,
de quienes un día,
a la fuerza,
sin pensarlo,
sin quererlo,
cruzarán la frontera,
y serán personajes
de un cruel drama,
que nos creemos ajeno,
de esa trágica batalla,
entre el ayudadme
y el dolor de no hacerlo.
Nada puedo.
Y su cuerpo sufrirá
lo que sus ojos ven,
lo que su boca calla.

Desconsuelo, desconsuelo,
desconsuelo
donde nunca antes hubo consuelo.
Suelo perdido,
solo les queda el aire,
aire…,
aires de miseria prolongada.

Y sentirse nadie,
ser nadie,
en el dolor del camino,
en la frustración de la parada,
en el seguir adelante
con causas…
y desesperanza.
Falso paraíso reclamado,
refugio insolidario.

Quedarán las piedras,
y debajo,
ahogada,
sin respiros,
su conciencia,
y la mía, y la tuya,
y la tuya y la tuya,…
y la nuestra.
Y sin conciencia
seremos solo piedra.

…Y la imagen retenida
de la impotencia,
de saber, de pensar,
que algún día
pudimos abrir los ojos
y dejar de ser
piedras muertas.

Del cómic temprano a la novela, también temprana. De ahí a la Literatura en mayúsculas, oficio obliga. Lector ávido. La escritura siempre, aunque se mostrase hasta hace poco en círculos íntimos y en sugerencias y en peticiones de personas allegadas. Surjo del círculo por la ilusión de un proyecto, dar voz a fotos y cuadros, crear historias escondidas en imágenes de otros creadores. Y una secuencia rápida de momentos, participación en certámenes de escritura en vivo, recitación de poemas en varios escenarios, participación en un programa radiofónico donde se unen música y poesía, introducción en el mundo slammer, y la creación ininterrumpida de poemas y relatos. Y siempre el deseo de que mi mente y mis manos sigan asociadas en este mundo de la escritura.

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Comments

    1. Gracias, Avelina. Son poemas diferentes, aunque coincidan en el elemento principal y en la sensación de soledad que transmiten. Lo creé para el mundo del slam poético y ,después de interpretarlo en varias ocasiones, lo he reelaborado para dar con esta versión final. El tema, los refugiados y la apatía de quienes observan esa tragedia.
      Por cierto, acudí a una presentación de La isla del escritor, ya que formaba parte de un evento en el que participé y que dirige otro autor del libro, Ignacio Borraz. Veo que estás en él, aunque todavía no haya leído tu escrito. En mi mesa está.
      Un saludo.

       

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