No me hables de diciembres,
tampoco de eneros,
haz de la continuidad una ruptura constante,
deja que las aristas se esparzan por mi cuerpo
y hagan de mí una fortaleza de grietas,
surcos sin presente
que lloran hacia dentro,
heridas del pasado
que exhalan con suspiros
la identidad de mi ser.
No me enseñes el calendario,
ni juegos con las horas de un reloj imaginario.
Dime que estoy, que estuve.
Todo lo demás me pertenece,
y lo guardo en las cunetas
de carreteras que no he hollado,
pero que me esperan
en el enero
de cualquier diciembre.

Del cómic temprano a la novela, también temprana. De ahí a la Literatura en mayúsculas, oficio obliga. Lector ávido. La escritura siempre, aunque se mostrase hasta hace poco en círculos íntimos y en sugerencias y en peticiones de personas allegadas. Surjo del círculo por la ilusión de un proyecto, dar voz a fotos y cuadros, crear historias escondidas en imágenes de otros creadores. Y una secuencia rápida de momentos, participación en certámenes de escritura en vivo, recitación de poemas en varios escenarios, participación en un programa radiofónico donde se unen música y poesía, introducción en el mundo slammer, y la creación ininterrumpida de poemas y relatos. Y siempre el deseo de que mi mente y mis manos sigan asociadas en este mundo de la escritura.

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