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No acepto que nuestros brazos tristes
no sepan con lazos unir lo que está roto
que nuestros ojos no sepan mirar lo mismo
que los huesos cálidos y amorosos
no sientan la piel-senda, que un día fue
camino abierto a un corazón harto de latir.
No concibo como nuestros labios censuraron
los vocablos más ciertos que se hacían versos
a veces duele cuando tengo que llorar por nosotros
y no tengo un río limpio para lavar mi culpa
al perdón en desuso le erigimos un monumento
en el desierto del ego.
La mar golpea a la tierra como si sus olas fueran acicates
grita para que veamos la ternura del agua y la verdad del sol
si mi corazón no estuviera indispuesto aprendería del desamparo
y no tendría miedo al desasosiego que provoca tu ausencia
confesaría sus soledades a la página huérfana de latidos
plana a pisotones y plagada de escritos mercantilistas
haría acopio de las palabras que se quedaron en el olvido
a la espera del insomne que las reclama de compañía
removería de los escombros las voces proscritas
hasta hacer con ellas un amasijo que alimentara como trigo
y que los pájaros-sueños, volvieran del exilio a sus nidos
batiendo vigorosos sus alas sin el temor oscuro,
que invade la vida y ellos intuyen en éxodo prematuro.
No desdeñaré la esperanza que trae el futuro contigo
aquí estoy humilde y dispuesto a mostrar mis abismos
vacío y desnudo, mordiendo el dolor y escribiendo en los muros.

Heredero anónimo de la herencia anímica de los Migueles (Cervantes, Unamuno, Hernández y Ahumada), aunque éste último era campesino resultó ser un padre sabio y mi "Arcángel" de la guarda. Precoz en el arte de salir adelante, aprendí a capotear temporales y empecé a trabajar a los 8 años, en múltiples tareas locales: Pastor, lustrador de zapatos, pizcador de algodón y un largo etcétera. A los 11 años ya era económicamente avieso, "autosuficiente", o al menos eso creía. Soy inmigrante en mi propio país, residente desde los 15 años en tierras lejanas a las que me vieron nacer y, en vez de “rayo”, tengo una "estrella que no cesa", casada conmigo, 3 hijos que son mi mayor orgullo. Benedittiano químicamente impuro, por Mario; quién más. Ingeniero Civil, con 3 especialidades de postgrado, en distintas disciplinas correlacionadas por diseño propio a mi profesión; amo la arquitectura, soy constructor por necesidad, convicción y por terco. Las letras son mi pasión, desayuno y ceno proyectos, de comida tomo agradecido todo lo que Dios pone en mi mesa, soy de carnes magras y huesos malagradecidos, Insomne antes que "soñador" y arreglo "mi" mundo un día sí y, el otro también. Autor de 5 libros de poesía, y una novela inédita, actualmente diseñador de Modelos de Gestión en Políticas Públicas, Asesor de gobiernos locales, con logros nacionales e internacionales, aporte aprendiz de los Derechos Humanos aún zurdos. Admirador incondicional de todos los que hacen y construyen con su letra, amante de la poesía musicalizada, pienso en verso y la rima me gobierna. Amigo dispuesto y solidario a carta cabal y eterna.

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