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Una letra urgida de esencia
en la agenda de los sueños libres
un eco que descontamine
y conmine a los vocablos a que vibren
lejos del incoherente y habitual uso
que acosa a las plumas sin compromiso,
huéspedes permanentes de los desapegos
y su alma exigua y pálida expuesta en almoneda
al mejor postor mercantilista.
Una palabra pretendiente de nortes claros
y horizontes sobrios, si es preciso con luna
por el simple deseo de impregnarse de poesía
aunque sea sólo un anhelo sin pretensiones vanas
ni lucha de egos; sí, con nostalgia por las letras sabias
atemporales, vigentes, de otros tiempos y actuales.
Sin tempestades imaginarias o alusiones divisorias,
que agite las páginas manchadas de pátinas
con la fecunda sangre-tinta del corazón, que late y arde;
ese pertrechado por temor al juicio banal de los idiotas.
Una convocatoria decidida a reclutar las almas tronantes
que no le temen al soliloquio grave de la conciencia,
sin elegías adelantadas ni madrigales de amor pendientes
será cuestión de gustos y estilos cantar haciendo vereda
un Silbo vulnerado siempre abrirá sendas nuevas
y los identificados con su sino se aprestarán a combatir el olvido
sin temor a exiliarse en la soledad, ese viaje íntimo y elemental
que acicatea a la creación para que cuaje sin agitaciones
ni aspavientos insolentes o turbiedades de río revuelto a conveniencia.
Un gesto con la cordura amenazada por el vértigo del poder global
que es impuesto desde potencias sin potestad de nuestras raíces
que se anclan inmutables y soportan tempestades,
en alianza con las piedras hondas y humildes que nunca pierden piso
que por extraña razón quieren ser horizonte y siempre sueñan el mar
y cuando no, lo imaginan limpio y dulce.
Es necesario un asidero menos grave que los clavos calientes
que nos postran en la cruz; la suma de todas las voluntades
no precisa maderos en un monte mancillado
con ecos que todavía lloran el porvenir que no llega.
Dos siglos de historia a cuestas con claroscuros en vela
y las palabras errantes, para no ser fósiles adoptan poetas
o seres visionarios que las ventilan en el umbral de las novelas
los prosistas in crescendo levantan la mano con autoridad moral
y el romance que se conoce con los relatores esenciales, es sin par.
Entonces triunfa la claridad, las palabras urgentes fueron, son y serán
el mal comprendido fuero de lo inmemorial, que puede unir lo que vendrá.

Heredero anónimo de la herencia anímica de los Migueles (Cervantes, Unamuno, Hernández y Ahumada), aunque éste último era campesino resultó ser un padre sabio y mi "Arcángel" de la guarda. Precoz en el arte de salir adelante, aprendí a capotear temporales y empecé a trabajar a los 8 años, en múltiples tareas locales: Pastor, lustrador de zapatos, pizcador de algodón y un largo etcétera. A los 11 años ya era económicamente avieso, "autosuficiente", o al menos eso creía. Soy inmigrante en mi propio país, residente desde los 15 años en tierras lejanas a las que me vieron nacer y, en vez de “rayo”, tengo una "estrella que no cesa", casada conmigo, 3 hijos que son mi mayor orgullo. Benedittiano químicamente impuro, por Mario; quién más. Ingeniero Civil, con 3 especialidades de postgrado, en distintas disciplinas correlacionadas por diseño propio a mi profesión; amo la arquitectura, soy constructor por necesidad, convicción y por terco. Las letras son mi pasión, desayuno y ceno proyectos, de comida tomo agradecido todo lo que Dios pone en mi mesa, soy de carnes magras y huesos malagradecidos, Insomne antes que "soñador" y arreglo "mi" mundo un día sí y, el otro también. Autor de 5 libros de poesía, y una novela inédita, actualmente diseñador de Modelos de Gestión en Políticas Públicas, Asesor de gobiernos locales, con logros nacionales e internacionales, aporte aprendiz de los Derechos Humanos aún zurdos. Admirador incondicional de todos los que hacen y construyen con su letra, amante de la poesía musicalizada, pienso en verso y la rima me gobierna. Amigo dispuesto y solidario a carta cabal y eterna.

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