Anna se encontraba furiosa. No, furiosa, no, más bien desesperada. O tal vez ambas cosas a la vez. Lo había arriesgado todo por Vronski: su reputación, el cariño de su hijo, Seriozha, que la creía muerta… Pensó que por amor podría superar todos los inconvenientes, hacer oídos sordos a las murmuraciones. Ignorar a aquella sociedad hipócrita y anclada en viejos prejuicios que le hacía el vacío, tan solo por haber seguido los designios de su corazón. ¡Qué equivocada estaba! Ahora se daba cuenta: ¡nunca la dejarían ser feliz! Aún era posible la salvación para Vronski, el caso de los hombres era distinto, pero a ella ya la habían condenado sin remedio. ¿Acaso amar era un crimen tan execrable? ¿Tan horrible era ella por anteponer sus sentimientos? Se había dejado llevar por ellos sin medir las consecuencias. Sí… se lo había jugado todo a una carta y ahora tenía la certeza de haber perdido la partida porque él, en quien había depositado su felicidad y su destino, también había acabado traicionándola. Estaba segura de que iba a aceptar ese matrimonio que su madre estaba empeñada en concertarle, con tal de apartarlo de sus brazos.
Se detuvo al borde del andén. De repente le vino a la memoria aquel horrible accidente ocurrido en ese mismo lugar hacía tiempo. El hombre cayó a las vías y el tren lo arrolló en apenas unos instantes. ¡Todo transcurrió tan deprisa! Se sintió de nuevo sobrecogida por aquella imagen terrible que creía olvidada. ¿Por qué se recreaba en ella de esa manera? ¿Por qué le provocaba una fascinación tan morbosa? Aquel pobre hombre había tenido una muerte cruenta quizás, pero estaba segura de que había sido rápida, casi instantánea. Sintió la tentación, casi la necesidad de saltar, como si una fuerza invisible la empujara. Parecía una salida tan fácil, una forma tan sencilla de acabar de una vez por todas con todo lo que la angustiaba. Así podría finalmente descansar. ¿Cuántas noches llevaba sin dormir? Ni lo recordaba ya.

Soy médica de profesión (con la especialidad de microbiología clínica) y escritora por afición. Empecé con relatos y poemas y acabo de publicar mi primera novela, La luna en agosto.

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