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Al pasar por el control de aduanas, me registraron el equipaje de mano y los agentes quedaron perplejos al hallar los viales aquellos conteniendo un polvo blanquecino con un aspecto tan similar a aquellas esporas de ántrax sobre las que habían corrido ríos y ríos de tinta. Yo, a mi vez, también me puse lívida, cuando a empellones me entraron en un cuartucho, una vez en el cual, una funcionaria con cara de perro policía ―más de perro que de policía― me hizo desnudar y me cacheo hasta el rincón más recóndito del cuerpo y del alma. Cuando vio que no escondía nada sospechoso en mis bragas, ni en otras interioridades que me ruborizaría pormenorizar, dejó que me vistiera. Entonces entraron sus colegas preguntando a voz en grito What is this? What is this? Como quiera que mi inglés era más que rudimentario por aquel entonces, no supe cómo contestar. Traté de sacar mi acreditación para que comprobaran que tan solo era una científica en busca de su oportunidad. Pero cuando vieron que echaba la mano al bolso tres o cuatro policías me apuntaron a la cabeza sin ningún miramiento, pensando que pretendía sacar un arma. Aterrorizada les entregué el bolso, aún cerrado, que registraron a fondo, sin por supuesto hallar nada comprometedor en él. Tras comprobar esto último, parecieron tranquilizarse y me dejaron de apuntar con sus armas. Al cabo de bastantes minutos, para mí los más largos de toda mi vida, apareció un funcionario que hablaba español. Gracias a él se acabaron los malentendidos y me dejaron marchar, eso sí, sin mis queridas cepas, que solo me devolvieron al cabo de unos días cuando les fueron reclamadas por la propia directora de los CDC.
Aquella, mi primera noche en los EEUU la pase maltrecha y sola en un cuartucho de hotel que prefiero no recordar. Sin embargo, pasado ese primer y desagradable incidente mi estancia en Atlanta siguió más o menos por los cauces previstos. Incluso terminé mi trabajo antes de lo esperado, lo que me permitió hacer algo de turismo por el país. Por supuesto, mi inglés mejoró, gracias a lo cual esta vez podré dar mi conferencia en el idioma de Shakespeare. Además, tuve la suerte de dar allí con mi media naranja, o quizás debería de decir orange. No obstante, James, el entonces todavía mi novio, ya había decidido venir a vivir a España, lo cual me quitó un enorme peso de encima, pues yo nunca me hubiera hecho a vivir en aquel gran país.
Cuando volví a España, olvidado ya el mal trago que pasé en mi llegada al aeropuerto, publiqué mi trabajo y conseguí que la Fundación March me contratara en el puesto de directora. Desde entonces se puede decir que la vida me sonríe, aunque James y yo tuvimos que pasar un duro periodo de acoplamiento, pues nuestras costumbres eran diferentes hasta decir basta. Sin embargo, ahora las cosas nos van bien, aunque a veces sueño todavía con la policía que me cacheó en el mismo aeropuerto a donde ahora me dirijo por segunda vez.
En esta ocasión mi único material consiste en mi portátil y una presentación en Power Point con mi exposición. No creo que las autoridades encuentren nada sospechoso en ello, pero después de aquella penosa primera vez, quién sabe si no les pareceré una espía pasando información clandestina. Además, estoy embaraza y espero en todo caso, que sean más considerados y no piensen que bajo mi descomunal barriga puedo llevar escondida una bomba atómica o algo peor. Sin embargo, he de reconocer que al recordar las desagradables peripecias sufridas en mi primer viaje, he tenido grandes tentaciones de cancelarlo, aunque al final todo acabara bien. Todavía no puedo creerme que de verdad sucediera todo aquello, porque en el fondo soy una persona de lo más normal, aunque con una extraña tendencia a meterme en toda clase de líos. Si no me creen, pregunten, pregúntenle a James.

Avelina Chinchilla Rodríguez
Soy médica de profesión (con la especialidad de microbiología clínica) y escritora por afición. He publicado en antologías de relato y poesía. En solitariotengo dos libros de poemas "El jardín secreto" y "Paisajes propios y extraños", un libro de realtos "Y amanecerá otro día" y una novela "La luna en agosto". Cada nuevo proyecto me llena ilusión me hace avanzar.
Avelina Chinchilla Rodríguez

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