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Bueno… y eso, por no hablar de cuando intento ayudarla. No me deja que haga nada en la casa. Pero que nada de nada. Si el hervido solo se me quemó una vez y un poquito, lo mínimo… ¡Qué barbaridad! Ni que se hubiese incendiado la casa entera. ¡Ponerse así por una humareda de nada! ¡Mujer!, oler a chamusquina, la verdad, que sí olía, pero no sería para tanto. ¿Qué a ella no se le ha quemado nunca la comida o qué…?  ¡Pues  oye…!, que dice que si no me fijo y que se me va el santo al cielo. Para ella no hago nada a derechas: que si los cacharros no me quedan limpios; que si friego el suelo y no lo seco bien. No sé… después de haber sacado a tantos hijos adelante tengo que oír que soy una inútil. Y claro… me pongo que se me llevan los demonios. Y luego dice que soy yo quien la saca de quicio. ¡Hasta ahí podíamos llegar!

Pero lo peor de todo es cuando está mi yerno, que me mira con una cara… ¡Cómo si yo le hubiera hecho algún mal! Si yo siempre he querido lo mejor para ellos, que oye, ¿no les he ayudado siempre que he podido? Pues así me lo agradece el muy cabrito. Que si los programas de la tele que me gustan son un tostón, que si pongo el volumen demasiado alto… ¿Qué culpa tengo yo, si estoy un poco sorda? Ya le gustaría a él llegar a mis años como he llegado yo. Y luego, esa manía por la higiene que tiene Amanda. ¡Nada…! Que se empeña que me tengo que duchar cada día. Pero si toda la vida nos hemos lavado una vez a la semana,  que no tiene que ser nada buena tanta agua: se te arruga la piel y te quedas como una pasa. Pues, eso… que me tengo que duchar todos los días por no llevarle la contraria. Y cuando no quiero, me dice que lo ha mandado el médico. ¡Cómo si yo no supiera qué de eso, el médico no dice nada! La muy tonta se cree que con eso me engaña, pero yo no me chupo el dedo, ¡eh!

¡Ay, cómo echo de menos a mi Pepe! Desde que él se marchó, ya nada es como antes. Aquello, sí era un hombre, sí… con ese olor a macho y no los panolis de ahora que nada más que huelen a colonia. Pero mira… tuvo a bien morirse hace ahora cinco años. ¿O son quince…? ¡No…!, si será verdad que pierdo la cabeza… De vez en cuando Amanda me lleva al cementerio a visitarlo. ¡Cómo me desahogo cuando estoy con él! Le cuento todas las perrerías que me hacen Amanda y su marido, por no hablar de los nietos, que esa es otra. Si él viviese se iban a enterar todos de lo que vale un peine… ¿Pero qué se le va hacer? Los muertos no vuelven. Anda, que… menudo susto se iban a llevar estos, si se les apareciese de repente…

Yo lo que quiero es que me vuelvan a dejar tranquilita en mi casita, si yo no me meto con nadie… Pero nada, que no hay manera. Y mi piso… A saber lo que han hecho con él, seguro que no me dejan volver porque lo quieren vender  y quedarse ellos con el dinero ¡No, si a mí no me engañan! Pues no son interesados ni nada. Y luego reprochándome a toda hora lo que se preocupan por mí, como si yo me metiera con ellos. Quejándose de que por mí no pueden salir, que se van a quedar sin amigos, como si eso fuera más importante que la familia. Donde esté una madre que se quite todo lo demás ¿Dónde va a parar? ¡Por Dios!

El otro día estaban hablando, por lo bajini, de que querían llevarme a un sitio de esos que hay ahora… centro de día o algo así creo que lo llamaron. Es como a una guardería pero para mayores. Sé que no querían que yo escuchara porque en cuanto me vieron aparecer se pusieron a hablar de otra cosa. Amanda decía que ya no podía conmigo, que yo le daba más guerra que un cerdo suelto. ¿Y digo yo…? Ya podía haber buscado otra comparación… Si es que ya ni respeto ni nada. ¡Oye!, pues a lo que iba… decían que sería bueno para mí, que así podría relacionarme con gente de mi edad. ¿Para qué coño quiero yo hablar con los de mi edad? ¡Si están tos pallá! Lo que tiene que hacer Amanda es preocuparse más por su madre y menos por ella. No se puede ser tan egoísta… A mí lo del centro ese, oye que ni fu ni fa… pero nada más que por llevar la contraria ya pienso decir que ni hablar del peluquín. A ver qué es lo que se han creído, que me pueden aparcar como si fuera bulto. ¡Que no, que no y que no!

Y es que lo han intentado todo, ¡eh…! Hace unos meses me trajeron una mujer de esas que se contratan por horas… Yo es que le tomé una manía, que ya no sabía qué inventar para darle la lata. Si hasta me hacía pis aposta. Al principio se lo tomaba bien, pero luego, yo creo que se dio cuenta porque, claro… tonta del todo no era. Total, que le dijo Amanda  que se marchaba, que ya no aguantaba más. ¡Pero fíjate tú, que falta de respeto! Pues bueno, por fin se largó… Menudo descanso, porque yo no quiero que me cuiden personas extrañas. ¡Hasta ahí podíamos llegar! Tener que exponer todas tus miserias de esa manera… Pues eso… que se fue, aunque Amanda le suplicó que se quedara, que le hacía mucha falta, que le pagaría mejor, pero ni con esas…

Aquel día tuve que hacer esfuerzos para disimular lo contenta que estaba y lo conseguí. ¡Vaya si lo conseguí…! Porque Amanda será muy buena abogada y el bufete le irá muy bien, yo no digo que todo eso no sea verdad, ojo… pero de psicología está muy pez. Si lo sabré yo que para eso soy su madre. Aunque no creas… hay veces que me da un poquitín de lástima, pero sólo un poquitín, eh… no vayamos a exagerar. No sé… porque la veo a veces tan agotada, como si no pudiera con todo, y eso que yo siempre la he ayudado todo lo que he podido…  ¡Faltaría más! Pero las generaciones de hoy ya no son como las de antes que nos poníamos el mundo por montera. Ahora se ahogan en un vaso de agua… Pero sabes que te digo: ¡que espabile! Es lo que hemos tenido que hacer todos en esta vida. No hay que ser tan blanda. Lo digo yo que sé de lo que hablo, que he criado cinco hijos y en mis tiempos, que no había lavadora ni nada, que con los adelantos que hay hoy en día, yo hubiera estado como una reina.

Esta noche se quiere ir de cena con su marido ―celebran las bodas de plata―. Los niños no están porque es fin de semana y pretende que me quede sola.

―¡Mamá! Te he dejado la cena preparada y nada más que tienes que calentártela en el micro, y solo será un ratito.

Eso es lo que me ha dicho, pero yo no la creo… Cuando salen están hasta las tantas y a mí no me gusta quedarme sola. ¡No sé…! ¡Creo que nada más de pensarlo ya empiezo a encontrarme mal…! ¡Huy, huy, huy! ¡Que me está dando el cólico…! ¡Que ya me noto cómo me empieza el dolorcito! ¡Amandita tendrás que ir preparándote que me parece que hoy tampoco saldrás a cenar! ¡¡¡POR TU MADRE!!!

 

 

Avelina Chinchilla Rodríguez
Soy médica de profesión (con la especialidad de microbiología clínica) y escritora por afición. He publicado en antologías de relato y poesía. En solitariotengo dos libros de poemas "El jardín secreto" y "Paisajes propios y extraños", un libro de realtos "Y amanecerá otro día" y una novela "La luna en agosto". Cada nuevo proyecto me llena ilusión me hace avanzar.
Avelina Chinchilla Rodríguez

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