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Esperaba con ansia cada año esta fecha. La primera vez no esperaba que marcara su vida para siempre. Su primera vez ni siquiera fue una verdadera cita, el destino la puso ahí y ella solo se dejó llevar por esa marea de placer que la envolvió y desde entonces no ha podido dejar de ir.
Todo tenía que ser espectacular, la dieta para verse aún más hermosa, el vestido brillante y diminuto, cada vez más atrevido, llamar la atención, pero ser parte de la multitud, la máscara original, tanto que la definía por sí misma, sin ella no sería lo mismo, su diseño debía de ser sensual, que dejara ver sus bellos ojos.
El resto del año nada cambiaba, monotonía día sí, día también, le era más difícil soportar a su tediosa mamá y los cuidados que debía a darle, postrada ahí en su cama la torturaba sin cesar, la culpaba de aquella caída que tuvo desde el segundo piso, repetía sin cansarse, que pudo sentir sus manos en la espalda cuando la empujo y rodó hasta que escuchó como su columna se partía: por supuesto que nadie le cría, no era imaginable que una mujer tan devota de dios hiciera semejante acto de terror a su propia madre.
La veían diario en misa de siete, antes de dejar todo listo para irse a trabajar en aquella fábrica donde dejaba el “lomo” cada día para cuidar a su querida madre. Y por la tarde rezaba el rosario en su casa, como la encontraban las visitas inútiles que solo le daban más trabajo que hacer, si tan solo cuidaran de su mamá un par de días al mes, pero no, nadie se apiadaba de ella.
Mezclada entre la multitud de la gente, se veía hermosa, como una diosa. Su instinto nunca le fallaba, encontró al hombre perfecto, el primero de la noche, solo en un rincón de aquella calle, solo observaba, era el tipo ideal para que ella pudiera complacerse y disfrutar de su cuerpo, lo sedujo con una sola mirada la pasar, atrapado en ella, lo llevó a su departamento secreto y ahí dio rienda suelta a sus deseos carnales. Después de adormilarlo con una pastilla, tirado en la cama ya desnudo. Subió a horcajadas a su cuerpo acariciándolo apasionadamente hasta apuñalarlo 21 veces, una más que la del año anterior, si las cuentas no le fallaban. Bañada en sangre terminó sola el acto gimiendo de placer, dejando sobre la cama la máscara como recuerdo de aquella noche.
Agotada al amanecer se fue directo a la iglesia a confesarse, al fin y al cabo en una noche de carnaval todo se vale, siempre y cuando te arrepientas de tus pecados.

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Acacia González

Acacia González

Tan solo una persona que le gusta contar historias, que le gusta conocer cada día nuevas cosas, aprender jamás termina y yo sigo esa norma..
Acacia González

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