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El hombre que se reía del amor ha pedido clemencia, con el corazón en la mano.

Y yo lo he perdonado, no soy nada rencorosa. Pero el pobre ha muerto desangrado. He intentado volver a colocárselo, ponerlo en su sitio. Bien lo sabe Napoleón que estaba a mi lado, sediento, lamiendo la sangre que caía por su piernas y moviendo alegremente el rabo.

Pero que complicado se me ha hecho, no atinaba a engancharlo. Ese lío de arterias aquí y allá, tan pringosas y calientes. Esto no es cómo cuando le hice un puente al contador de la luz. Los cables tienen colores, el azul, el verde y a poco que hayas visto dos episodios de MacGyver, aciertas. Necesito ver más a House.

Soy de palabra. De fiar. Yo cierro tratos con apretones de mano. Las promesas se cumplen, siempre. Me gusta la formalidad.

En la última cena, se lo dije. Fue con el brindis de aquel buen vino… lo miré a los ojos y le dije… ¿Me darás tu corazón? y me contestó sonriente… —Tómalo, tuyo es, mío no.

¡Cómo se reía el condenado!

Y ahora que alcanza a ver el filo  de la hoja reluciente de mi santoku, me sale con pendejadas, y que se quiere ir a casa, dice.

No cariño, las promesas se cumplen. Cumple tu palabra.

 

Marley

Un pequeña mota en un inmenso mundo, en constante cambio y evolución. Escribo juntando letras que forman palabras, en ocasiones dan lugar a mundos de color, en cambio otras, borrones de tinta sin forma... de todo ello se alimenta mi espíritu. Amo la música y el cine clásico, el olor que desprenden los libros y la tierra mojada tras la lluvia... Amo estar viva para poder seguir creando cualquier cosa que aporte amabilidad al universo.

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