Noche oscura. Mes de febrero. Noche de perros. El frio había bajado de la sierra para instalarse en el pueblo. Pero no era noche de perros, sino de gatos. En febrero andaban alborotados detrás de las hembras,  enfrentándose entre sí, los más osados.

Cuatro amigos, bebidos, salían de la taberna. Al frío había que asustarlo con unas copas de ron. Comentaban un suceso: Al boticario lo habían dado por muerto. Una muerte extraña  porque rebosaba salud; dejó de respirar, sin más. Prepararon al muerto entre lloros y quejidos de su mujer que no aceptaba que hubiera muerto. Como era tarde lo dejaron en la capilla del cementerio para enterrarlo al día siguente. No pensaron en cerrar la caja. Total, ya estaba muerto.

Por la noche una figura descalza irrumpió en el pueblo. Se detuvo delante de la botica gritando. “María, ábreme que estoy muerto de frío”. El que así gritaba era el boticario, que afirmaba, estar muerto, pero de frio. Ella, asustada contestaba  “Vete fantasma, ya no me acuesto con el barbero”.

El muerto empezó a aporrear la puerta y de esta guisa despertó toda la aldea. Los más valientes, farola en mano, se acercaron al ex difunto, quien con la cara roja de rabia, contaba haber despertado en una caja de muertos, y que pudo salir porqué no estaba cerrada.”

Los cuatro amigos, animados por la bebida, se retaron entre ellos, a ver quién era capaz de dormir en el cementerio. Y allí se fueron. Buscaron en la pared algún desprendimiento, por donde entrar dispuestos a pasar la noche.

De pronto, unos aullidos de muerte resonaron por entre las lápidas y como uno solo salieron corriendo cuesta abajo, menos el último que se quedó enganchado en un clavo que salía de la pared. Creyendo que  le agarraba un muerto gritó enloquecido y, de un tirón, rasgó la chaqueta creyendo que el muerto lo había soltado.

Y aunque le contaron que los aullidos eran dos gatos que se peleaban no lo creyó. En febrero se iba de la villa porque decía que por las noches los muertos visitaban el pueblo.

  1. Ya sé que no da miedo pero esto sucedió de verdad.
Desafío espeluznante
Mi pasión, mi necesidad: escribir, comunicarme, penetrar en el mundo de las pequeñas cosas; unirme a la vida y contagiar.

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