Lo he sentido otra vez. Una sensación que sube por la espina dorsal hasta la nuca, como una mano que te roza, fría. Esta vez la sensación ha llegado hasta la mejilla, y al tocarme he notado ese hormigueo que se produce cuando se duerme una parte del cuerpo. En las ocasiones anteriores ha sido más leve, como un insecto que sube por el interior de la ropa o un pequeño ratón escalando por el exterior, pero igual de frío.
Todas las veces acompaña esa sensación de roce un miedo absurdo a volver la cabeza y mirar atrás.
Como si notara una presencia a mi espalda.
Me esfuerzo por pensar que es algo físico, algún mal que me aqueja, una enfermedad extraña que muestra los síntomas de esa forma.
Pero estoy sano, y lo que quizá mas me turba es que siempre lo he notado aquí, en este mismo sillón, y siempre a solas.
Ese temor a mirar detrás de mi cuando me afecta ese frio, como el que sentía de niño, que impedía mirar bajo la cama para confirmar que no había monstruos, me hace avergonzarme de mí mismo. Es algo ridículo en una persona de mi edad y con conocimientos de ciencia.
Vuelve a ocurrir. Me he prometido mirar. Comprobar que mis miedos son infundados, pero mi vello se eriza y ya no es miedo lo que siento ante la perspectiva de que haya algo algo ahí detrás, es terror.
Con todo el esfuerzo de voluntad que consigo reunir, hago girar mi cabeza. !Dios, no¡

Photo by Miguel Torres Fernández

Guardar

Desafío espeluznante

Antonio Miralles Ortega

Trabajador manual desde siempre en multitud de oficios, eterno estudiante de historia del arte. Escritor novel, a mi edad.

Últimos post porAntonio Miralles Ortega (Ver todos)

Open modal

Deja un comentario