Penitente por el camposanto de la oficina, caminaba entre escritorios donde perece a diario el talento, en pos de resucitar del purgatorio de parados, mientras las exigencias del empleo precario se apilan sin contemplaciones a expensas de beneficios perentorios y jefes ignorantes. No alcanzó a superar los traumas arrastrados desde la cuna, ni evadir los males genéticos y traumas agudos, en esa vida atropellada por la propia existencia. Al cabo de algunos lustros, cuando pensaba culminar justamente su vida laboral, la devaluación evaporó los ahorros, ni hablar de la pensión, al tiempo que un sismo niveló el edificio ocupado donde atendía a sus frágiles parientes. Con una seguridad social insuficiente para cubrir las necesidades mínimas de cualquier humano, pensaba con refinado morbo, cómo sería morir de mengua. La otra constante en esa vida sufrida era la gata Meiga.
Nadie en el barrio recuerda cómo o cuándo apareció pero se adueñó de esa pequeña familia gracias a sus movimientos de terciopelo y mirada hipnótica; los mantenía embelesados dentro de sus miserables vidas. Al dirigirse a la oficina dejaba su alma pendiendo de esas garras afiladas, no veía el momento de regresar para encontrarla en el mismo lugar.
Acariciando esa pelambre negra y densa, no lograba comprender tanto dolor concentrado en su cuerpo enjuto, el cual doblegado ante los símbolos de su fe, rogaba y rogaba diariamente sin recibir respuesta, ni siquiera por cortesía. Hasta que despertó como si fuera de día en medio de tinieblas que no se apartaban a su paso trémulo. Se movía insegura tratando de no despertar a nadie a esa hora pero ya era tarde, pues no quedó ni un alma en la ciudad capaz de molestarse por los achaques de sus males crónicos.
La erupción silenciosa de gases mortales proveniente de la montaña inerte, barrió el valle de madrugada sin que nadie alcanzara a escuchar un solo quejido bajo un viento funesto y pestilente.
Maullidos luctuosos arrancaron durante la oscuridad del mediodía, bajo cenizas mortales, que impedían distinguir a la Meiga al frente de su manada lista para continuar el trabajo pendiente en el próximo destino.

Desafío espeluznante

gpisanic

Un gato signo Leo en el año del Tigre

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