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Otra vez tarde. Unas facturas me habían retenido en la oficina. Miraba el reloj, escuchaba el silencio de la calle y sufría. Sobretodo, por madre. Las noticias enseñaban continuamente las imágenes de los últimos cadáveres. No se hablaba de otra cosa. Estábamos asediados por el miedo. Caminaba con esas visiones en mi mente. Hombres y mujeres salvajemente apuñalados en las calles. Orificios por donde manaba la sangre que la huida del alma secaba para que señalase durante días el rastro de la muerte. Siempre de noche. El asesino se ensañaba con ellos, y las televisiones plasmaban en cifras altas los agujeros que hacían jirones los cuerpos de las víctimas.
Unos pasos a mi espalda provocaron pequeños estremecimientos de terror en mi pecho. No me atrevía a mirar. Un sudor interno se apoderaba de todo mi cuerpo. Me dolían aquellas pisadas, causaban que mis manos se apretasen a mi corazón. Temía que la ansiedad me desbordase. Llegaron a mi altura. Una pareja. No me miraron, no parecía afectarles lo cerca que estamos todos de la muerte. Se alejaron, pero mi nerviosismo seguía intacto. Madre estaría muy preocupada, atenta a los noticiarios de la radio.
Unas voces me alertan de la presencia de varias personas al doblar la esquina. La sangre golpea con fuerza todas mis venas mientras mis manos se relajan y se cuelgan a mis lados. Tres borrachos que apenas se fijan en mí. Un asomo de sonrisa y tranquilidad marca mi rostro.
Llego a mi barrio. Una figura solitaria se apoya en una farola. Está en mi camino. Empiezo a sudar intensamente y noto la rigidez otra vez en mi pecho. Acuden otra vez las manos rápidas a él y la mente se me llena de sangre. Estamos solos en la calle. No me mira cuando paso a su lado. Error fatal. En mis manos aparece un estilete que acaba con su vida en treinta rápidas estocadas. Tiemblan los dos cuerpos. Y el miedo desaparece cuando me alejo del cuerpo inerte.
Madre estará tranquila cuando llegue a casa. Limpiará mi sangre y escucharemos juntas el noticiario de la noche.

Photo by Cebolledo

 

Del cómic temprano a la novela, también temprana. De ahí a la Literatura en mayúsculas, oficio obliga. Lector ávido. La escritura siempre, aunque se mostrase hasta hace poco en círculos íntimos y en sugerencias y en peticiones de personas allegadas. Surjo del círculo por la ilusión de un proyecto, dar voz a fotos y cuadros, crear historias escondidas en imágenes de otros creadores. Y una secuencia rápida de momentos, participación en certámenes de escritura en vivo, recitación de poemas en varios escenarios, participación en un programa radiofónico donde se unen música y poesía, introducción en el mundo slammer, y la creación ininterrumpida de poemas y relatos. Y siempre el deseo de que mi mente y mis manos sigan asociadas en este mundo de la escritura.

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