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Cuando el hambre muerde
cualquier rasgo de humanidad se pierde…
¿Cómo abrazarle el alma, embarrada en los huesos
abrazarle la sangre y un poco más adentro?.
Los ropones más oscuros que el luto más intenso
Me duele la palabra, me duele lo que siento.
En una plaza pública vivía un gato negro…
no era exactamente un felino viejo.
Era un vagabundo, un hombre sin recuerdos…
Hijo del olvido, por razones que detesto,
Buenos Aires es hermoso, comulga con los sueños
una tarde gris, el último rayo de sol en el cielo
trashumando por las calles, una plaza de recreo
Costanera del Plata, yo rumiaba desencuentros
abrazado a la vida, valorando los recuerdos,
abrazarle la tristeza y un poco más adentro
me duele la palabra, me duele lo que veo.
Parrillada de ratones, plato del día sin verdeo, sin impuestos.
Me detuve por un instante, mudez y desasosiego,
medio hombre sin techo-medio gato sin tejado y sin celo.
Mis intentos de poemas se han marchado lejos
se ha mudado la razón a parajes del destierro
bajo puentes sin el sol, homenaje al desaliento
la metamorfosis presente cobra retrocesos
el alma deambula por la pena, se exilia sin remedio
escalofríos clandestinos, impacto y desconsuelo
la amnesia sería providencial, vértigo del cielo
un graffitti profano en la pared, remite reclamos y miedo
medio hombre cuerdo-medio gato negro.
He de dejar la pluma, me duele lo confieso
he abrevado de la calle, he aprendido del infierno
nunca he estado preparado para el futuro avieso,
Los golpes duelen poco, el hambre muerde sin consuelo
moriré de madrugada con el recuerdo ciego
abrázame el alma, abrázame los huesos
abrázame el insomnio, abrázame más adentro
abrázame la memoria, de luto en el destierro.

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