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Todos pensaban que el hombre estaba sin actividad cerebral e inválido por amputación de su pierna, nadie sabía de dónde venía, no tenía familiares.
De su boca colgaba constantemente un hilo de saliva viscosa que jamás hacía por detener. Sus manos crispadas y su rostro sin expresión les había dado el diagnóstico de Alzheimer prematuro. A sus 50 años parecía un anciano decrépito. Lo que nadie imaginaba era que aquella piltrafa humana tuvo una vida plena hasta que compró aquella casona vieja que quiso darse el gusto de reconstruir, sin saber qué le esperaba no dentro de esas paredes sino al rededor. Después de aquel día su vida como ser pensante término.
Esa primera noche tibia llena de luz lunar quiso conocer los alrededores de su propiedad. No había caminado ni cinco minutos por aquel sendero vació de vida, cuando una mano enorme por detrás le tapó la boca y perdió el sentido.
Despertó atado a una plancha metálica helada pero estaba sentado. No sentía dolor, sólo incomodidad por la postura rígida en la que se encontraba. El olor sí que lo trastornó, era un olor fétido de carne podrida y huesos quemados, mezclado con olores de guisos condimentados y frutas dulzonas.
Sabía que no estaba sólo, aterrado no podía imaginar quién podía haberle hecho eso. Sentía su presencia, pero desde su ángulo no podía verlo. Además que tenía reducida la visión por telas quirúrgicas, fue que cobró conciencia que estaba en una especie de quirófano elegante como un restaurante, al menos absurdamente así lo percibió.
Cuando la compañía, hasta ahora invisible, le preguntó si tenía hambre y sed, contestó que sí, sin preguntarse extrañamente calmado por qué estaba ahí, maniatado así. El hombre le ofreció de aquello que él estaba comiendo en tostadas de pan y bebiendo de su copa, sosteniéndolos frente a él para que alcanzara a verlos. Pero antes de dárselos a probar le preguntó ¿Qué arteria le apetecía para beber de ella y si gustaba de carne magra o con vetas de grasa para seleccionarla entre sus muslos o su abdomen?

Acacia González

Acacia González

Tan solo una persona que le gusta contar historias, que le gusta conocer cada día nuevas cosas, aprender jamás termina y yo sigo esa norma..
Acacia González

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