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En un lugar de La Pureza de cuyo nombre quisiera siempre acordarme…

Hace mucho tiempo vivía una ingeniosa Diosa que invistió de biógrafo a un caballero hidalgo, escritor universal sin sospecharlo…
Con su adarga y espada de acero puro forjado a fuego, luchaba contra monstruos impensados, impropios de libros de caballería, entes blasfemos, mamarrachos, insulsos disonantes, verbigracia los aliados al espanto, esperpentos de vísceras animales, corruptos del cerebro con infamias criminales aturdidas con vanidades y otras veleidades humanas de ignorantes, autoproclamados los Descomunales.
-Con tu pluma delirante dirás que tu Diosa cortaba cabezas a estos enanos terrenales. En tanto; Yo, La Gigante. dejo esta sentencia tronante a los cuatro vientos.
-Ben(mal)ditos los poetas que (no) canten con sus letras imperecederas
la gloria de mis batallas, porque perderán la mano y el pecho en épicas circunstancias…

Pasarán los siglos y huestes de académicos convulsos,
insomnes confesos, descifrarán tu código genético
científicos jurados verificarán con isótopos alfanuméricos;
para honra de los proscritos, la certeza de tus huesos.
pero… No podrán jamás tomarte el pulso.

-Tu mano me pertenece, para que lo que escribas, perviva con creces y permanezca imperecedero por los siglos de los siglos y todos los tiempos de mi gloria y su derrotero.

Mientras hordas de Divas callejeras y angelicales, pertrechadas cerca de los deseos de los Caballeros Viscerales, que buscan siempre entre ellas a La Señora de sus pensamientos más impuros y carnales, pelean equidad al monstruo fatuo, petulante incomparable; en la miopía de no saberse biológicamente diferentes, filosófica y sublimemente superiores, reclaman igualdad en lisonjas políticas contaminándose con una ciencia impura, trastocada por oscura y esparcida como mal.
-Tu locura relevará ésta y otras fiebres y tu estilete quemante hará arder la tierra cuando las Divas ciegas lideren la guerra, para sentirse iguales. Rara avis.

-No será providencial; que tú, Caballero Hidalgo, escribas para inspirar, germinarás en el tiempo y en la distancia con tu letra universal, esa será mi paga incondicional.
-Y la letra de vos; Hidalgo, por la que pago lo que soy, valdrá por lo que valgo.
– Yo; Dulce y etérea, nívea, blanca Dulcinea, en carroza de leones, sobre ánforas de agua, resguardaré las arcas providenciales con rayos y antorchas, seré la diosa que con sabiduría infinita y santa inunde las bóvedas del banco, con el mar-llanto, cuando se proclamen los enanos infaustos, que financian guerras inciviles con desgarros incurables.
-Llorarán en Atocha, Barcelona, Guernica y en Teruel, y la Mancha donde duerme el alma leona de mi reino y se finca el orgullo de papel, se volverá La Pureza, con tu lengua sabia, pura y fiel.
– El rey que quiera ser sabio, me cantará en inglés un Songoro Cosongoro profundamente yambambé, por los marginados del sur, el sur azul y moreno, cercano de las raíces, y rezará en gallego, hablará euskera y cantará en catalán todas mis quimeras; entonces,
– El castellano universal será el Idioma-luz, que Tú, caballero trashumante, legarás con hidalguía, sin propinas. A cambio venderán tu alma en las cantinas y subastarán virtualmente con puja alarmante, la mano que te resta, junto a la espada de tu Diosa-Bruja Insurrecta, también en almoneda.
-En tanto, con tu mano izquierda, escribiré la antítesis de la diestra.

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