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Laura aparca el coche en la puerta de la casa rural. “Bueno, ya estoy aquí. Empieza mi aventura”. Un amable hombre le atiende en la recepción y confirma la reserva.

—¿Ha venido sola? — Le pregunta.

—Sí, necesitaba salir de la ciudad, perderme en un lugar donde no tenga cobertura.

—Muy bien, ha elegido el lugar idóneo para ello. Aquí tiene la llave de la habitación, segunda planta, primera puerta a la derecha saliendo del ascensor. Le doy un folleto de rutas por si le apetece visitar la comarca. Que disfrute de su estancia.

—Gracias.

Iglesias, monasterios, pequeñas rutas senderistas. El papel que tiene en las manos es muy completo. Decide dejar para mañana la decisión de la ruta que va a hacer. Sale al pequeño balcón de la habitación y cuenta las estrellas.

Un escalofrío recorre el cuerpo de Laura. Se ha quedado dormida mirando el cielo estrellado. Se levanta, cierra la puerta y ya en la cama el sueño no tarda en aparecer. Mientras la respiración se vuelve pausada, sonríe. Ha tomado la decisión correcta, darse un respiro. Hacía demasiado tiempo que no oía el silencio.

Desde siempre me ha gustado escribir relatos. Siendo adolescente escribía historias donde el amor triunfaba o el drama era el protagonista. En alguna de mis historias se mezclaban ambas cosas. A día de hoy, me gusta transmitir sentimientos y los relatos son un pequeño reto cada vez que cojo el boli. Espero seguir compartiendo letras con vosotros hasta que se me acabe la tinta.

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