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Me horroriza la noche cuando el sopor me vence y comienza el sueño, recurrente, machacón, agobiante… Siempre lo mismo, una y otra vez, no me deja despertarme, me atrapa entre sus redes, recordándome todo cuanto quiero olvidar.
Rompe con un paréntesis diario la regularidad de mi vida, mi armonía familiar y mi estabilidad emocional. Ya no pertenezco a ese mundo, lo dejé atrás y creí que podría olvidarlo, dando y recibiendo amor, pero no es posible. No era el mismo ser en aquella época, no sentía el dolor en los otros, sólo placer cuando destrozaba vidas ajenas, hundía economías familiares y conocía la forma elegante de chantajear sin salirme de la ley, todo en nombre de mi ansia de poder. Es curioso que en aquella época mis sueños fueran felices.
Un día cambió todo, o creí que podría cambiar, cuando conocí el verdadero miedo, el que se siente al estar a punto de perder lo más querido y a lo que no daba su importancia y, entonces, decidí borrar, olvidar quien era, quien fui, y quien no hubiera debido ser nunca.
Pero la pesadilla está ahí, y se ensaña conmigo cuando siento la dulzura de mi lecho y el amor de lo míos, impidiéndome lograr lo que yo, sin piedad, arrebaté a otros y, cuando todo pasa, despierto sudoroso y angustiado, sin poder alcanzar esa dicha que, en apariencia disfruto, y que todos admiran.
Mi mente no quiere el olvido de esa mitad, que también forma parte de mi vida.

Gemma Olmos Jerez
Mayormente soy yo. No me gusta ser otro pero sí ponerme en lugar del otro. Intento aprender y a veces lo consigo. Amo a mis amigos y me siento correspondida. ¿Para qué más??
Gemma Olmos Jerez

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