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Basado en un hecho real.

— He leído su manuscrito, Sr. Robertson.

El editor, sin levantar la vista de los papeles, procedió a monologar un resumen, como si formara parte de su rutinaria tarea.

— Veamos… Su historia trata sobre un transatlántico… El más grande y lujoso jamás construido, entre cuyos pasajeros se hallan algunos de los más ricos y poderosos de la sociedad… El infortunio le lleva a chocar con un iceberg en un mes de abril, durante su viaje inaugural, siguiendo la ruta Nueva York-Southampton. Al no disponer de suficientes botes salvavidas resulta en una catástrofe humana sin precedentes. De título: “Futilidad”.

El Sr. Robertson, nervioso, hubiera deseado tener a mano su pipa para calmarse un poco. El editor levantó por primera vez la mirada sin poder evitar cierta expresión cínica.

— Le seré sincero… Cuando leí las características de su navío: doscientos cincuenta metros de eslora, capacidad para tres mil personas, equipado con compartimentos estancos para hacerlo totalmente insumergible… me dije: “¡Ni siquiera Dios puede hundir este barco!” Dígame, ¿cómo se le ocurrió esta historia?

— Bueno… Me desperté sobresaltado; no podía dormir, tenía que escribirla.

El escritor, antiguo marino, desvió la mirada. Su interlocutor soltó una risita indisimulada mientras le extendía un sobre cerrado.

— ¡En fin! Dudo que a alguien le interese una historia tan inverosímil pero… aquí tiene su cheque. ¿Cómo era que se llamaba el barco?

— El Titán, señor. Gracias.

Respiró el aire fresco del Nueva York de 1898 y se dispuso a tomar el tranvía para regresar a casa. Se detuvo para dejar paso a un carruaje, cuyo caballo aligeraba su marcha azuzado por el cochero. En su interior, un perfecto gentleman inglés viajaba por asuntos de negocios. La mirada del joven Bruce Ismay se cruzó con la de Morgan Robertson. En ese momento tuvo una inspiración: su mente esbozó la idea de construir el barco más grande y lujoso del mundo. No tenía nada de absurdo, siendo próximo heredero de la compañía naviera de su padre. Tan solo tendría que esperar una oportunidad.

Oportunidad que llegaría catorce años más tarde.

Juan Sauce

Lector y dibujante de cómics desde que tengo memoria, descubrí mi interés por los libros a una edad tardía, casi acabada la adolescencia, con dos obras muy concretas: “El Principito”, de Antoine de Saint-Exupéry y “El joven peregrino”, de Helen L. Taylor. Ambos relatos repletos de metáforas; quizá por eso es mi forma favorita de narrar, una manera imaginativa de compartir mis ideas. Me gusta la fantasía, la ciencia ficción y la aventura. Me interesa la psicología, la religión y la naturaleza. Sueño con escribir para niños y jóvenes, aunque desde esta ventana voy a intentar llamar la atención de lectores de todas las edades. A ver si lo consigo...

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Comments

  1. Juraría que esta mañana te dejé un comentario aquí…en fin, seguramente no lo envié correctamente por error. Sólo lamentaba que no hubieras ganado el desafío premonición pues a mí fue el que más me gustó y te mandaba ánimos para el próximo. Por supuesto, todos los relatos presentados eran estupendos y al final, mandan las votaciones (lo llaman democracia). Eso no quita que cada cual tengamos nuestros propios gustos.

     
    1. Muchas gracias, Luisa. A mí también me hubiera gustado ganar… (cómo no, jeje). Como dices, somos un público muy heterogéneo y hay muchos gustos diferentes. A mí también me gustán más los relatos que explican historias que los que transmiten solamente un pensamiento, un sentimiento o una idea, como has apuntado antes (aunque también he escrito de esos algunas veces).
      Pero bueno, cada escritor tiene su público, que será más o menos abundante, pero lo importante es conseguir conectar entre ese escritor y ese público; o dicho de otra manera, cada lector tiene sus gustos y es imortante que conecte con los escritores que más le llaman la atención. Así puede tener cabida todo el mundo…
      No sé si me explico o me estoy enrollando, pero de nuevo gracias. Y encantado de que te haya gustado. Yo disfruté mucho escribiéndola.

       
  2. Gracias, Luisa (me vas a poner «colorao»).
    Aprovecho para decir que Morgan Robertson es un personaje real que escribió, con catorce años de anterioridad, la novela que describo (y con más datos sorprendentemente coincidentes). También es verdad que escribió su novela después de tener una pesadilla. La conversación con el editor y el fugaz cruce con Bruce Ismay, impulsor del proyecto del Titanic, son cosa mía.

     
      1. Cuando salió el desafío “premonición” me apetecía escribir una historia sobre algún caso real y busqué en internet “premoniciones famosas”. Encontré la de este autor, Morgan Robertson, y me cautivó. Si tienes tiempo de buscar la información, creo que es fascinante. No solo escribió una novela sobre el hundimiento de un barco similar al Titanic, también en otra relata un ataque aereo a EEUU por parte de Japón que lo consideran una premonición de Pearl Harbour. Como digo, yo disfruté buscando información sobre este hombre…

         
  3. ¡Magnífico Juan! Me ha entusiasmado. Eres un autor como la copa de un pino. Me gusta la literatura que crea cosas, que inventa, que cuenta historias más que esa otra que se detiene a describir sentimientos o capturar momentos (cuestión de gustos, claro). Pues bien, de la literatura que me gusta andas sobrado. Buena suerte.