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Había sido una cena encantadora, un pequeño disfrute, compartido con placer en las noches de verano con su más íntima amiga.
Su complicidad en el trabajo era total,  motivo por el cual se hacía mucho más llevadero, pese a las largas horas de monótona dedicación en los grandes almacenes. El hecho de que su amiga viviera sola, saliendo del drama de una relación fallida, propició que se volcaran en ayudarla a superar el trance, invitándola en repetidas ocasiones a cenar en su casa, compartiendo con su marido la amistad que las unía. Habían congeniado y ella estaba orgullosa del talante participativo que había tenido su idea, no era frecuente que su marido aguantara mucho tiempo a sus amigas.
Una noche, como acostumbraban, él la acompaño a casa, era muy tarde y no podían consentir que marchara sola. Mientras, Elena comenzó a retirar la mesa, quería dejar todo en orden para el día siguiente y, abriendo la ventana, suspiró feliz y un tanto eufórica,  gracias a aquél cava que se subía un poquito y habían degustado con placer.
Sonreía, recordando las chirigotas contadas en la cena y las risas que se habían echado y, una vez ventilada la estancia, procedió a cerrar la ventana, se apoyó en el alféizar a fin de disfrutar de la brisa estival mientras esperaba y la sorpresa la hizo estremecer. Había empleado largo tiempo en terminar los arreglos y, ellos, salían entonces del portal, cómplices y sonrientes.

Fue entonces cuando intuyó que, desde ese momento, su vida sería un mapa, cuya orografía estaría salpicada de profundas simas y caudalosos ríos de lágrimas.

Gemma Olmos Jerez
Mayormente soy yo. No me gusta ser otro pero sí ponerme en lugar del otro. Intento aprender y a veces lo consigo. Amo a mis amigos y me siento correspondida. ¿Para qué más??
Gemma Olmos Jerez

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