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Nadie sabía de dónde venía, ni cuál era su nombre, le decían La Culebra, extraño e imponente nombre para una mujer tan menuda y de voz delgada, con ojos que hipnotizaban cuando al pasar te cruzabas con ellos, una mirada de agua cristalina, parecían casi ciega, con diminutas manchitas de azul profundo que invitaban a sumergirte en ella. No había manera de ignorarla cuando se reunían las señoras en el tianguis a hacer el mandado y chismeaban los problemas ajenos para olvidar los propios.
Desde que llegó al pueblo era casi obligatorio contar alguna historia, casi siempre inventa, de esa mujer, que les cayó del cielo para no comer prójimo que, o bien eran parientes o eran vecinos, mucho más sanas eran esas reuniones desde que pudieron hablar libremente de la desconocida que las escandalizaba con sus trapos viejos.
Caminaba manoteando el aire, conversando con un ser imaginario, sus ojos entrecerrados veían un mundo inventado solo para ella y su compañero. Solo se abrían como platos, cuando veía a Palomita, la hija del carnicero. Su rostro cambiaba, regresaba de aquellas tierras jamás vistas por nadie, pegaba de gritos; raros, no de loca, ni desquiciada; gritos potentes, casi lúcidos, donde decía su premonición de aquella chiquilla. Gritaba que la veía con dos cabezas y de mirada bizca, con bucles incendiados como sol al atardecer, la llamaba su Diosa de Fuego en su verborrea incoherente, regreso a su andar de barco sobre la tormenta.
Los del pueblo loca de atar, aunque nadie se atrevió a amarrarla de ninguna parte. Al oírla una y otra vez decir lo mismo. Se reían de ella, después que se les pasaba el susto y sin tomarla en cuenta, regresaban a sus quehaceres.
Un día Palomita estaba en la carnicería, la cuidaba su padre poniéndola a su lado detrás del mostrador, cuando en un tropiezo, dejó caer el hacha con a que cortaba los grandes huesos y fue a caer en el centro de la cabecita de la niña que se partió en dos como un melón ensangretado, mojando de luz de atardecer su hermosa cabellera.

Acacia González

Acacia González

Tan solo una persona que le gusta contar historias, que le gusta conocer cada día nuevas cosas, aprender jamás termina y yo sigo esa norma..
Acacia González

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