El calor nos hacía transpirar hasta empapar las playeras. Estábamos apretujados en el auto esperando llegar a nuestro destino. Bonampak era un sueño desde pequeña. Algún día tenía que ir para ver en directo los maravillosos murales: cobraban vida con mirarlos, el movimiento de la mujer, allá en el fondo, pintando los textiles  de la dama se percibía de inmediato.

Cada vez que veía la fotografía en mi libro de arte, imaginaba ese ambiente. La selva con su flora y fauna debió ser una maravilla en ese entonces, más que en la actualidad. ¿Por qué se habrían marchado? Algo en mi interior me empujaba a leer y buscar más al respecto. El museo de Antropología me dio algunas respuestas pero esa mujer en el mural seguía siendo una incógnita.

Iríamos a Bonampak. El grupo de amigos, se reunía para vacacionar y caminar por la selva. En nuestras mochilas iba lo mínimo indispensable,  pero yo, cargué con mi libro. Ya en Lacanjá,  vi una túnica de algodón con un bordado en bermellón; me cautivó de inmediato y no pude dejarla,  la compré sin pensarlo mucho. El calor  invitaba a ir ligera, así que la vestí con gusto, como si siempre la hubiera llevado.

Dejamos el auto, todavía existía un tramo entre las ruinas y el lugar donde estábamos, nos dispusimos a caminar. ─ ¿Cuánto faltará?─ Preguntó uno de mis amigos. ─Ya casi llegamos. Después de la siguiente curva a unos cuantos metros está la entrada─,  le dije con seguridad. Nunca antes había estado ahí.

Seguimos y tras la curva predicha, vimos al fondo la pirámide imponente. Al llegar, la sensación se agudizó: conocía el sitio. De inmediato me separé del grupo y caminé entre la maleza saliéndome del camino hasta llegar a la pequeña laguna. Ahí me esperaban mis textiles secándose al sol. Los caracoles se oían a lo lejos y el pintor Och,  comenzó a bosquejar el movimiento de mis manos.

Lorena Guadalupe Páez Aguirre

Lorena Guadalupe Páez Aguirre

Cuando pequeña, soñaba y escribía. Jugaba con mis hermanos a "la escuelita" y yo era la maestra, esto último se cumplió. Durante muchos años gocé de las satisfacciones que deja la docencia en casi todos los niveles, en consecuencia, la escritura se fue postergando. Mis circunstancias cambiaron. Ahora, escribir por fin es prioritario y mi país México, siempre me regala un motivo para hacerlo.
Lorena Guadalupe Páez Aguirre

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