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Estiró hacia atrás el brazo haciendo que se balanceara el anzuelo en el aire y con un enérgico movimiento de codo lo lanzó lo más lejos que pudo. El silbido del sedal desenrrollándose  le recordó aquel otro del filo de la tijera rizando cintas para regalos. Había decidido rebelarse contra el tiempo de prisas y compras impuestas porque estaba firmemente convencido de que la ilusión por hacer feliz a alguien tenía que ser otra cosa. Una leve onda concéntrica en el agua y un pequeño tirón lo devolvieron a la quietud de aquel pedacito de costa que era su escondite favorito. Mientras recogía fácilmente carrete se daba cuenta de que su adversario no presentaba apenas batalla y cuando lo sacó del agua no le costó identificar a uno de aquellos peces de colores únicos. “No volveré a pescar uno igual”…  Liberado de la trampa, alguien feliz se sumergía de nuevo.

Mercedes E.M.

Mercedes E.M.

Amante desde niña de las palabras que encierran mundos y abren universos.

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