Tras hablar durante un par de semanas con Carlos, quedó con él en un bar de moda. Era más guapo en persona que en foto. Saltaron chispas desde el primer momento.

Leticia estaba más buena de lo que esperaba. Por sus miradas sabía que la tenía en el bote. Esa noche, se la llevaría a su casa y mañana por la mañana le daría una sorpresa que nunca olvidaría.

La tensión sexual entre ambos era más que evidente y no tardaron en ponerle remedio. Con la luz apagada dieron rienda suelta a la lujuria.

Antes de que el primer rayo de luz iluminara la habitación, Carlos abrió el cajón de la mesilla y cogió un objeto metálico y frío. Sujetándolo con ambas manos, se puso encima de Leticia, que dormía boca arriba y desnuda.

—Pero… ¿Qué es esto?

Mira a los ojos al hombre que la tiene inmovilizada. Nota el cañón frío de un arma en su frente. Se siente protagonista de la peor película de terror que jamás haya imaginado. Intenta escapar, pero los músculos que ayer por la noche la sujetaban contra la pared, hoy le impiden moverse. Intenta gritar pero no le sale la voz. Carlos se da cuenta y sonríe. Si decir una sola palabra, aprieta el gatillo. Un chasquido metálico le hace olvidarse de su presa y mirar el arma. No ha salido la bala.

Leticia, presa del pánico, corre desnuda por la calle. Alejándose de la casa de un hombre que conoció por internet y prometiéndose a si misma no volver a entrar en ninguna red social.

Desafío Relámpago
Desde siempre me ha gustado escribir relatos. Siendo adolescente escribía historias donde el amor triunfaba o el drama era el protagonista. En alguna de mis historias se mezclaban ambas cosas. A día de hoy, me gusta transmitir sentimientos y los relatos son un pequeño reto cada vez que cojo el boli. Espero seguir compartiendo letras con vosotros hasta que se me acabe la tinta.

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