Hasta bien entrada la madrugada no terminó el concierto. Las últimas palabras del estribillo dejaban muy claro que había comenzado la Fiesta Mayor. Pocas horas después, sin tener en cuenta que la mitad del pueblo se había acostado de madrugada la Banda municipal anunciaba a los cuatro vientos que iban a pasarlo bien; los barrederos limpiaban las calles, (antes de que los cuatro vientos) esparcieran aún más el confeti que se colaba por los adoquines. El pequeño camión de los bombero con dos de ellos a pié, manguera en mano, daban el último toque de limpieza.

En la plaza Mayor, el bar frente el Ayuntamiento, levantaba sus puertas metálicas rompiendo el silencio de la mañana. Mesas y sillas fueron llenando el espacio delante del establecimiento y los primeros clientes llegaron para ocupar un buen lugar antes de que se llenara la plaza, no solo de gente sino también de la alta tensión que se iba a generar.

En menos de una hora empezaron a llegar los distintos grupos de jóvenes, cada grupo con la camisa de diferente color (verde, rojo, azul y amarillo)  preparándose para la actuación.

A las diez de la mañana, bajo un cielo azul que anunciaba un día muy caluroso, comenzaron a alzarse las torres humanas al mismo tiempo que subía la tensión física y mental de los protagonistas. Todos a una, concentrados, levantaban piso a piso la torre hasta sobrepasar el balcón del ayuntamiento. El más pequeño de cada grupo, entre cuatro y seis años, culminaba la torre alzando la mano derecha como señal de victoria, momento en que la alta tensión llegó a su culmen, sobre todo en los padres del pequeño valiente que podía rozar con sus manos las golondrinas que surcaban aquel cielo azul de verano.

 

Desafío Relámpago
Mi pasión, mi necesidad: escribir, comunicarme, penetrar en el mundo de las pequeñas cosas; unirme a la vida y contagiar.

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