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Hoy es Nochebuena,-mañana ya no tendré regalos bajo el árbol de Navidad- pensé con un nudo en la panza; apenas cumplí once,  papá me dijo que él es Santa.

Desde que recuerdo, cada veinticuatro de diciembre me iba a dormir muy tarde,  mi mamá casi a rastras me obligaba. Me escondía tras las cortinas de la sala, espiando con la esperanza de ver llegar al hombre de los regalos, nunca lo logré pero le dejaba el vaso con leche y las galletitas que preparaba justo para él.

Los días anteriores platicaba con mis hermanos acerca de los regalos. Cuando estábamos aprendiendo a escribir, complementábamos las cartas con dibujos para que Santa no olvidara alguno o no se equivocara, y  mamá, a quien le encantaba  la web desafiosliterarios.com, nos decía que eran tan bonitas que podrían publicarse en ese sitio; desde luego le creíamos y tratábamos de hacer lo mejor posible.

Apenas el año pasado, soñaba con un horno para hacer pasteles de verdad. ¡Era una maquinita tan bonita!, lo mejor sería poder meterse a la cocina para prepararlos y jugar a la comidita con todos mis hermanos. Yo soy la más grande, así que sería la mamá y ellos los niñitos. Pero nunca llegó. En Navidad busqué hasta detrás de los sillones, sólo encontré una muñeca y mamá me dijo que tal vez Santa no había visto mi dibujo. Fue un día muy triste.

Ahora que sé quien es Santa, creo que papá no tuvo dinero porque a veces oigo sus pláticas, y sé que no siempre les alcanza para comprar todo lo que necesitamos. Eso, lo pienso pero no digo nada, para que ellos no se pongan tristes y mis hermanos no se preocupen. ¡Es tan bonito esperar para ver los regalos! Este año,  no hice carta, sólo ayudé a hacer las de mis hermanos, prometí no hablar.

Ya soy grande –me digo- así que anoche me encargué de llevar a los demás a la cama para que papá Santa, no se  desvelara tanto, quería colaborar con él. En cualquier forma, no pude dormir bien, creo que podré jugar con ellos, y quiero ver qué les traerán.

Es de madrugada, oigo los susurros, risitas y pasos en la sala. Me levanto y abro un poco la puerta para ver qué hacen. Ríen y se reparten los juguetes. Es tan emocionante, hubiera querido seguir ahí. Mi hermana menor voltea y me dice: -Aquí está el tuyo y es muy grande- yo no puedo creerlo y me quedo callada.

Corro hasta ellos,  veo una hermosa envoltura con un enorme moño colorado. No pierdo tiempo, lo abro. Ahí está el horno para hacer pasteles y no digo más nada. Ésta sí ha sido una sorpresa y tal vez, la mejor de mis Navidades.

 

Lorena Guadalupe Páez Aguirre

Lorena Guadalupe Páez Aguirre

Cuando pequeña, soñaba y escribía. Jugaba con mis hermanos a "la escuelita" y yo era la maestra, esto último se cumplió. Durante muchos años gocé de las satisfacciones que deja la docencia en casi todos los niveles, en consecuencia, la escritura se fue postergando. Mis circunstancias cambiaron. Ahora, escribir por fin es prioritario y mi país México, siempre me regala un motivo para hacerlo.