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JU

Por mi profesión, me ha tocado conducir sola muchos años. Y entre visita y visita a los clientes, la radio siempre me acompañó en esas jornadas. Son muchos los personajes y programas de los que acabas “enamorada” pero recuerdo especialmente dos de ellos. Tip, por lo que me hizo reír y José Luis Alvite, con sus historias del Savoy.
Homenajeando a éste último, he desempolvado los recuerdos que conservo de él, y sin querer acudir a internet a refrescar la memoria, voy a comenzar una columna semanal que saldrá los domingos. En ella, os llevaré a un mundo que voy a ir creando. Mis crónicas de la calle 44 beberán de ese recuerdo pero también serán una mezcla de novela negra y cine a las que espero imprimir mi propio sello.
Os sumergiré en un mundo y una época hosca y mal encarada y trataré de seduciros para que os sintáis cómodos pisando sus calles. Estará preñado de gentes cínicas, pero que tendrán un cierto aire nostálgico y hasta melancólico. Serán habituales personajes como el matón con metralleta, el tipo del sombrero, la rubia platino o el borracho acodado en la barra de un bar. Las pistolas y las venganzas serán moneda de cambio habitual. Será un mundo en el que se mezclará el rojo de la sangre derramada con el carmín de los labios. El olor a pólvora con el olor a chanel número cinco Y dónde una prostituta, tendrá más altura moral que el político que paga sus favores. La calle 44 y sus alrededores serán un escenario imaginario pero que pretendo que hagáis vuestro…casi como si siempre hubierais vivido allí.
Será un mundo en blanco y negro en donde la noche será el entorno habitual. Un mundo en el que será normal que la luna no quiera salir, por no verse favorecida en el reflejo de sus calles mojadas. O donde una joven viuda pueda sacar una pistola y matar a su amante por no saber besar. O donde el humo de los cigarros se quede a dormir en el Capri cuando cierra el local. Ese será parte del lenguaje que veréis en las crónicas. Un mundo canalla y hostil pero que no ha perdido un ápice de romanticismo. La escena estará situada en Chicago en los años en los que la Ley Seca disparó el contrabando y la proliferación de las bandas de gánsteres que se lucraban con ese y otros negocios colaterales.
Pretendo que las crónicas no tengan una continuidad temporal y cada historia tendrá principio y fin. Sin embargo, todas en conjunto formarán ese mundo. Entrarán y saldrán personajes de ida y vuelta y saltaremos en el tiempo de unos años a otros. Pretendo así que os familiaricéis con ellos y cuando hable, por ejemplo, de la señora Wiliams, la relacionéis con las crónicas en las que os he ido dejando pasajes de su vida.
Por último, deciros que se me ocurre un “juego interactivo”.
Si alguno de vosotros quiere “hacer un cameo” en las crónicas, decídmelo en público en el muro del Facebook en donde se publicó la crónica (o hacedlo en privado). Puede que os cambie el nombre, adaptándolo al entorno. Pero os dejaré un guiño para que sepáis que sois vosotros. Así, si alguien llamado Juan quiere salir en la crónica, puede convertirse en John, Marcos puede pasar a ser Marco, María puede convertirse en Mery o Lorena en Lorraine. Si os apetece convertiros por un momento en rubia platino, tipo con pistola o policía corrupto no tenéis más que decírmelo y ya intentaré que salgáis favorecidos jejeje
Y para todo ello, narraré metido en la piel de un hombre, lo cual me lo pone más difícil, pero me gusta el reto. Me resulta más fácil narrar desde el punto de vista femenino, pero en los retos está la posibilidad de crecer…y en leeros a todos, que sois todos geniales.
Como aperitivo, el domingo 27 salió publicada “Historias de la calle 44: el Capri”. Ese será el tono de éstas crónicas. No planeé que fuera el comienzo de una columna, pero me divierte el desafío.
¿Me acompañáis a la calle 44? Cuentan que algo pasó…

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