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[ratings] Los colores del amanecer aparecieron por el horizonte entre las sombras oscuras de las montañas cubiertas de pinos. Las formas todavía difusas, pasaban rápidamente tras la ventanilla del compartimento. De vez en cuando, un túnel hacía desaparecer el paisaje, para recuperarlo unos instantes después.

Ni la mujer, ni los hombres habían intercambiado más palabras entre ellos durante el viaje. Cada quien estaba sumido en sus pensamientos. Después que Rosa alimentó al bebé, se cubrió y recostó la cabeza sobre el asiento, dirigiendo su mirada a la oscuridad exterior. Permaneció despierta y estática sujetando a su hijo e intentando ignorar los ojos del desconocido que la había sobresaltado y que no la dejaban de observar.

Manuel rumiaba en su rincón la oferta del elegante.

 

«El trabajo que me ofrece este tipo es mejor que el de la mina. Pero ¿será legal, o encierra algún propósito que se me escapa? No deja de mirar a mi mujer…. pero ella parece no hacerle caso… Estos malditos celos me consumen… Tendría que preguntarle cuánto nos iba a pagar…Trabajar como minero es muy duro, pero se gana bien…En cambio, hacer de casero no está nada mal… Estaré al aire libre y con mi familia todo el día…. podré cuidarles…. no les pasará nada si  me quedo con ellos… Y la vivienda… no tendré que preocuparme de buscar una… seguramente serán caras….»

 

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—Estamos pasando Orduña, pronto llegaremos a Bilbao.

La voz de Eladio sobresaltó a Manuel y a Rosa

—Parece que hoy hará buen tiempo. Van a conocer una ciudad extraordinaria— dijo acercándose a la ventana.— ¿Ha tomado una decisión sobre la propuesta de trabajo que le hice anoche…?

Rosa interrogó a su marido con la mirada…

—No hablamos de jornal…, ni concertamos dónde viviríamos mi mujer, mi hijo y yo….

—Eso no es un problema… sólo tienen que aceptar y lo demás corre de mi cuenta… Tendrá todo lo que necesite. Pago bien si me sirven bien. Vivirán en una casita aneja a la casa principal y disfrutarán del aire limpio y sano de los pinos que la rodean, muy alejados del ambiente malsano de las minas…es bueno para el niño…

«Fué imaginación suya, pensó Manuel, o la voz del elegante cambió al nombrar a su hijo…»

Desechó este pensamiento y habló, contestando al mismo tiempo a su mujer y a Eladio

—De acuerdo, iremos a trabajar para usted.

Rosa no dijo nada. Había abandonado el pueblo para acompañar a su marido. Si aquel hombre les proporcionaba empleo y casa, tenía suficiente. Confiaba en su compañero…..

El tren aminoró la marcha y los primeros edificios de la ciudad desfilaron ante los viajeros….


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Photo by Paco Abato

Nicole Regez

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