0.00 Promedio (0% Puntuación) - 0 Votos

El regreso a su  ciudad le pareció más breve. La ansiedad seguía latente pero la certeza de que existía una solución para una enfermedad a la cual ya podía dar nombre le inyectaba un aliento distinto. Entre las palabras de Sarita y las de Gabriela, se tendía un puente al cual podría asirse.

Empezó a darse cuenta del alejamiento de muchos de sus supuestos amigos, pues lo evitaban. Observó los gestos de algunos cuando osaba tocar el tema de Fernanda, se percató de cierto fastidio; comprendió que Gabriela estaba en lo cierto. Nadie entendería la difícil situación en la que se encontraba. Su mente le estaba dando una lección que sólo él comprendería: la razón no controla las emociones cuando se está en estado depresivo. Una persona ajena a esta enfermedad, jamás tendría una idea siquiera cercana a lo que esto representaba.

Concertó la cita con el psiquiatra. Le admiró la espera de varios días para encontrarle un sitio en la consulta, no era el único con ese padecimiento, acaso  con otros peores. Cuando estuvo ante el médico la historia volvió a producirle los mismos estragos, pero la explicación minuciosa que recibió, así como los medicamentos recetados, empezaron a surtir efecto a los pocos días.

Tendría que permanecer en tratamiento durante un año para asegurar el mínimo de posibilidades de recaída ante otro evento traumático. El período le parecía largo pero necesario para lograr su objetivo: vivir en armonía consigo mismo. La terapia iniciaría cuando las condiciones emocionales fueran lo suficientemente estables para poder someterse al escrutinio de sus propios fantasmas.

Los primeros meses se encontró ante sí mismo. La presencia de Sarita a través de videollamadas fue primordial para no desfallecer. En soledad encontró la experiencia de Gabriela como un acicate e inició una amistad que duraría toda la vida.

La estancia en Morelos con Sarita y en Taxco con Gabriela, le habían dado luz. Hasta entonces no se había percatado de que su duelo no era normal, sin el apoyo de esas dos mujeres tal vez hubiera llegado al extremo de provocarse la muerte o de causarla a otro.

En el proceso tuvo varias recaídas y crisis con los respectivos ajustes de dosis. El camino le resultó largo y tortuoso hasta que aprendió a separarse de sus miedos y apegos, a valorarse y a disfrutar de la vida sin culpa ni remordimientos.

Cuando dejó la medicación llamó a Gabriela para celebrar en Taxco, el lugar al que había llegado por azar en la peor etapa de su vida. De ahí en adelante cada año se reunían para darse un espacio y compartir sus logros personales, sus tristezas y experiencias.

Gabriela conoció  Darío y Alberto a Gisela. Con una mentalidad saneada, la relación de cada cual fluía en mejores términos, sin miedos o inseguridades. Cuando aparecía alguna duda, ninguno de los dos dudaba en solicitar apoyo  a su respectivo médico; ambos eran sobrevivientes, a partir de la terapia se habían dado cuenta de que muchos no lo habían conseguido.

 

─Gabriela, ¿qué te tomas? Mientras llegan Darío y Gisela, tenemos que brindar por estos diez años de recuerdos. ─Alberto sonreía al tiempo que pedía las bebidas de siempre.─ ¿Está bien una margarita?

─Me encanta la idea. ¿Siempre te casas?

─ Sí, lo hemos pensado con mucha calma, creo que ya es tiempo. Los dos estamos seguros y confiados. Con la muerte de Sarita me di cuenta de la fortaleza que tengo ahora.

─Que tristeza. No podías haber pasado una prueba más fuerte que esa.

─Ella me dejó grandes enseñanzas, de alguna manera me preparó para su partida y no pienso defraudarla.

─Pues salud por el futuro libre de depresión. ─Gabriela levantó su copa con un guiño.

El tintineo de una copa chocando contra un vaso con horchata, se escuchó en el pequeño bar de la plaza en Taxco.

Lorena Guadalupe Páez Aguirre

Lorena Guadalupe Páez Aguirre

Cuando pequeña, soñaba y escribía. Jugaba con mis hermanos a "la escuelita" y yo era la maestra, esto último se cumplió. Durante muchos años gocé de las satisfacciones que deja la docencia en casi todos los niveles, en consecuencia, la escritura se fue postergando. Mis circunstancias cambiaron. Ahora, escribir por fin es prioritario y mi país México, siempre me regala un motivo para hacerlo.