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El CUERPO

Apareció muerto en el cuarto oscuro. Estaba tendido en el suelo rodeado de un gran charco de sangre sobre el que flotaban las fotografías del último reportaje que se estaba revelando. Eran muchas y la mayoría con un mismo motivo: una bella mujer.

—¿Qué tenemos hoy? – pregunto el inspector Mendoza.

—Otro muerto -le contestó Fernández.

—Ya, pero ¿sabemos quién es?

—Todavía no, pero sí sabemos que este es el estudio de un fotógrafo.

—¿Y cómo se llama el artista?

—En la puerta se lee: “La mirada desnuda de Jean Claude”.

JEAN CLAUDE

Desde muy temprana edad le cautivó ese arte que inmortalizaba los instantes más íntimos. Jean Claude se había acostumbrado a ver el mundo a través de su cámara, incluso cuando no la llevaba encima. Le obsesionaba apoderarse de ese momento que le conmovía y a resumirlo con el disparo de su máquina fotográfica. Lo que más le gustaba era capturar la belleza femenina, sobre todo aquella que no era perceptible al ojo humano. Entre sus muchas habilidades destacaban dos: descubrir esa belleza oculta y seducir a quien la poseía.

Pronto se convirtió en el retratista más famoso de la ciudad, no solo por la excelencia de sus fotografías, sino por todo aquello que no se veía en ellas. La gente lo admiraba por lo que contemplaba en su obras , mientras él se divertía con lo que sucedía fuera del foco y a espaldas de su Hasselblad. Sus composiciones se había hecho famosas por su virtuosidad entre la alta sociedad y las mujeres más hermosas del lugar . Tanto en las que tenían una gracia natural como aquellas que pretendían sacar el máximo partido del truco fotográfico. Se decía que tenía una cámara mágica que era capaz de capturar la belleza más sublime , pero también el lado más oscuro. Pero esta solo funcionaba con las mujeres y en sus manos, así que no se sabía muy bien si la magia la ejercía la máquina o la imaginación del artista. Todas aquellas que querían pasear su perfección por el mundo o usarla para seducir a un rico heredero, se tenían que someter a su genialidad y postrarse ante su diabólico objetivo.

Jean Claude seguía utilizando la vieja Hasselblad porque decía que ninguna otra era capaz de captar la luz como ella. La llevaba utilizando desde hacia mucho años y no tenía ninguna intención de dejarla. No se había dejado seducir por la tecnología digital ni por todos sus programas informáticos para manipular las imágenes. Decía que aquello no erá mágico. Solo con la Hasselblad era capaz de encontrar en sus modelos esa mirada perfecta, profunda …desnuda.

Le gustaba revelar sus propias fotografías como siempre había hecho . Pasaba largas horas en el cuarto del revelado a oscuras, trabajando químicamente para obtener el resultado deseado. Si se había dejado algún detalle durante el proceso creativo, aquí lo encontraba. Esa habitación le proporcionaba los mayores placeres de sus vida, ya que no solo se dedicaba a trabajar allí dentro.

—Pues tendremos que confirmar de quién se trata. ¿Ha mirado si lleva alguna identificación encima?

—Le estaba esperando, inspector. -El agente Fernández inició la tarea protocolaria mientras esperaba al forense para tener una primera impresión de lo ocurrido e intentar identificar a la víctima.-¡No lleva nada encima!

—Busquen por este cuartucho. Traigan focos porque esto está muy oscuro.

—Sí, es el cuarto del revelado, tiene que estar muy oscuro y como máximo utilizan una tenue luz roja.

—Los burdeles tiene el mismo aspecto -sentenció Mendoza.

Lo que los agentes encontraron no era solo material fotográfico. Había innumerables instantáneas desperdigadas por todo el espacio, algunas todavía colgadas en las cuerdas; bandejas y recipientes de diferentes tamaño, envases de líquidos almacenados descuidadamente, carretes expuestos tirados sobre la mesa de trabajo y otros velados sobre lo que se podría considerar la papelera. Pero lo que les llamó la atención fue la cama que abarcaba de pared a pared al fondo del cuarto. Era cuadrada y sobre ella un conglomerado de cables y cámaras que grababan todo lo que sucedía. También en el techo y sobre el cabezal de barrotes se distinguían argollas, poleas y cadenas negras decoradas con cintas rojas.

—¡Joder con el francés! —exclamó Mendoza.

—Ya ve, la leyenda del cuarto oscuro se extiende -le contestó Fernández.

—No entiendo qué quiere decir.

—¿No sabe qué significa el cuarto oscuro?

—¿No me está diciendo que sirve para el revelado fotográfico…?

—Sí, pero también es donde se mantienen encuentros sexuales de forma anónima sobre todo entre la comunidad gay.

—Me está diciendo que que el francés era gay.

—¡No! Todavía no sabemos si es el muerto, si es francés y mucho menos si es gay.

—¡Me está usted liando, Fernández!

El agente Fernández, era el compañero habitual de Mendoza. Aunque lo trataba con cierto desdén, lo apreciaba. Llevaban mucho tiempo trabajando juntos y sabía perfectamente como tratarlo y como tomarle el pelo. Mendoza era un hombre de edad cercana a la jubilación, tradicional, soltero, de ideas y costumbres fijas y muy conservador. Llevaba toda la vida en el cuerpo de policía y se había acostumbrado a vivir entre la muerte y aceptando que el ser humano es la peor especie del reino animal. Era exigente, incansable y justo. Apreciaba la fidelidad de su equipo y sobre todo de Fernández al que trataba como si fuera ese hijo que nunca tendría.

—¡Menudas fiestas se debería montar aquí el fotógrafo…! Hay que confirmar lo antes posible la identidad del muerto.

—Fíjese en este detalle, inspector. Lo han asesinato con un cuchillo, navaja u otro objeto punzante, pero no se lo han dejado clavado y no se encuentra de momento por ningún lugar.

—El cuchillo indica un crimen personal y seguramente pasional…Que se lo haya llevado puede hacer pensar en premeditación…

—Efectivamente, pero ese tipo de arma se suele utilizar de forma improvisada a no ser que sea un auténtico profesional quien lo haga y por la heridas que presenta el cuerpo hubo saña y muy poca pericia.

—Todo apunta al marido de la amante o la propia amante…¿estaba casado el francés? Eso nos haría pensar también en su mujer…

—Demasiado obvio. No puede ser tan fácil y no podemos dar por sentado que el fotógrafo sea el muerto.

—Busque por internet haber si encontramos alguna fotografía de él —le ordenó Mendoza.

—Otra cosa -inspector.

—¡Qué!

—¿No encuentra que el cadáver está como peinado y bien colocado. Apenas se observan los desgarros provocados por las cuchilladas. Está como dispuesto a ser retratado.

Continuará…

Meco

Inquieto e inconformista de pensamiento. De vida tranquila y convencional. Sobrevivo a esa supuesta contradicción gracias a la ironía y al humor. No soy escritor; pero me gusta escribir. Lo intento encadenando palabras con sentido para describir aquello que todavía me conmueve. Buscador incansable...sigo sin poder contestar a la pregunta que me hacían de pequeño: "¿Y tú, de mayor qué quieres ser?".

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