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El matrimonio, que se celebró a los pocos meses, fue un fracaso, no tardando la joven pareja en separarse. Para entonces, Luis ya no demostraba, al menos en apariencia, ningún interés en Laura. Pero esa noche, la del compromiso, Luis se sentía herido, necesitaba un desahogo para su frustración y, entonces, lo hizo por primera vez. Al salir de la oficina, en lugar de ir a casa, se alojó en un hotel, utilizó un nombre falso, tal vez, ya su subconsciente delataba sus intenciones. Antes de estar lo suficientemente borracho para no poder hablar por teléfono, llamó a un anuncio de contactos: Marisa, lo que tu pidas. Al cabo de una media hora, la tal Marisa hacía acto de presencia. Para entonces, Luis ya no tenía muy claro por qué la había llamado; lo que menos le apetecía en ese momento era tirarse a una furcia. Además, Marisa era mayor y se veía a la legua que era una puta. Eso disgustó a Luis, que se sentía ya muy encolerizado y arremetió contra la mujer antes de que esta se diera cuenta de lo que ocurría. La golpeó muy fuerte y ella perdió el conocimiento. Entonces, asustado, pero con una rara satisfacción, huyó a su casa. La preocupación por si la prostituta lo delataba, o bien moría y era descubierto igualmente no le dejó dormir aquella noche. Pero pasaron los días y su vida transcurrió con toda normalidad. Nadie sospechó de él. Ni siquiera el suceso tuvo eco, por lo que Luis se sintió completamente impune y además era consciente de que le había entrado una especie de veneno en el cuerpo, más poderoso aún que una droga. No trataba de engañarse, se daba cuenta que le había gustado y más pronto que tarde iba a repetirlo.

Pasó algo de tiempo mientras su vida transcurría con una aparente normalidad, pero las ganas de repetirlo de nuevo pudieron más que el miedo a ser descubierto, y aún pensándolo bien esa posibilidad le añadía un nuevo aliciente, de modo que periódicamente y con ligeras variaciones, a lo largo de los quince últimos años había vuelto a actuar. Sus apariciones en escena habían sido lo suficientemente espaciadas en el tiempo para no crear alarma, además, como todo el mundo sabe, las prostitutas son ciudadanas de segunda categoría y nadie se espanta demasiado cuando una de ellas recibe una paliza o aparece asesinada. En realidad Luis huía de la escena del crimen tan rápido como podía y no sabía con certeza si había llegado a matar a alguna de aquellas mujeres, pero en el fondo eso no le importaba. La vergüenza de que alguien conocido lo supiera, la humillación de saberse descubierto, la posibilidad de perder su trabajo y su posición social e incluso de ir a la cárcel, eso si le importaba. Pero el hecho de propinar una brutal paliza a una mujer, o dejarla tullida o incluso propiciarle la muerte no le preocupaba en absoluto.
Alguna vez, en medio de una noche de insomnio, Luis se preguntaba cómo habría transcurrido su vida, si aquella noche del compromiso de Laura no hubiera actuado como lo hizo. Tal vez, sería un hombre respetable, no a los ojos de los demás, que aún lo era, sino ante sí mismo. Quizá hubiese encontrado, si no hubiera desbaratado su vida en aquel acceso de cólera, una mujer mejor que Laura. Se imaginaba llevando una vida convencional de casado con hijos, saliendo los domingos de excursión al campo y pasando las vacaciones de verano en la playa, y lamentaba que ya no fuera posible. Pero en el fondo sabía que todo eso no eran sino fantasías. Él no estaba hecho para la vida familiar, siempre había sido un lobo solitario y siempre lo sería. Era incapaz de sentir amor por nadie, y el presunto enamoramiento de Laura tan solo había sido un espejismo. Cierto es, que de haber conseguido sus propósitos, hubiera puesto la guinda en su vida, y tal vez nunca, hubiera llegado a aflorar esa bestia que llevaba dentro.

Sin embargo, a pesar de todos estos razonamientos en los que se entretenía en las madrugadas en las que el sueño le era negado, a menudo, sentía un intenso malestar, que nada tenía que ver con el remordimiento. Era más bien como una frustración porque su vida no había seguido los derroteros por él imaginados. Era entonces cuando la vida se le hacía insoportable y entraba en crisis, como le había sucedido esa tarde.

(Continuará…)

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Avelina Chinchilla Rodríguez
Soy médica de profesión (con la especialidad de microbiología clínica) y escritora por afición. He publicado en antologías de relato y poesía. En solitariotengo dos libros de poemas "El jardín secreto" y "Paisajes propios y extraños", un libro de realtos "Y amanecerá otro día" y una novela "La luna en agosto". Cada nuevo proyecto me llena ilusión me hace avanzar.
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