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Era un hombre pusilánime, pero, caso extraño, al mismo tiempo curioso del avenir. No le daba miedo. Debía estar convencido de que la vida le iba a sonreír siempre. Que su figura de estirado caballero era tan atractiva que esa chica a la que saludaba todos los días y le respondía con una encantadora sonrisa, caeria desmayada en cuanto él le propusiera tomar un café.
Era una antiguaya de hombre y, en el despacho que tenía asignado en el Ministerio no había nada que pudiera resultar innovador.
Un día, tentado por la modernización de la máquina expendedora de café, se colocó delante de ella y, mientras encontraba la moneda y averiguaba por donde caia el objeto de su deseo, oyó hablar a unos cuantos chisgarabis de poca monta que esperaban su turno.
Comentaban de una persona que adivinaba el porvenir y decian que su vaticinio era tan certero que no podían por menos que alabar sus cualidades.
Se separó ya con su colación y, apoyándose en una diminuta barra al efecto, siguió escuchando las maravillas de las que era capaz ese ser dotado de tal clarividencia.
Dado que entre los componentes del grupo se encontraba su asistente personal, cuando llegó a su despacho lo mando llamar y, carraspeando un poco, le preguntó.
-¿De qué chisme estaban ustedes hablando que les parecía tan interesante? Creo debe tratarse de una banalidad, pero les tenía tan entusiasmados que han conseguido intrigarme.
-Pues verá, dijo el muchacho, estamos todos sorprendidos de cómo ha logrado saber cierta persona que al compañero Lorente le iban a ingresar los atrasos que le debían y que ya daba por perdidos. Aún más, continuó, lo más extraño de todo es que le dijo con todo lujo de detalles el día y la hora en que los percibiria ¡sorprendente diría yo! Siempre si usted me lo permite, Don Fernando.
– Sí lo es, caramba, contestó el interfecto, tanto que, a modo de diversión y sin creer en esas paparruchas dignas tan sólo de los menos iluminados por la diosa Atenea, voy a conocer a esa persona.
– En primer lugar, deseo saber a qué sexo pertenece.
– Pues se trata de un hombre, según tengo entendido, y se llama Gundemaro.
– Bien, procedamos ahora a conocer su domicilio.
– Con su permiso, se lo pregunto a Lorente y vuelvo enseguida.
– ¡Alto ahí, jovencito! Debe prometerme por su honor que no le va a decir que lo hace en interés mío
– Descuide Don Fernando, no pase cuidado, queda prometido.
Al momento volvió el muchacho portando una nota que entregó a su responsable antes de abandonar el despacho.
A la mañana siguiente, a la hora en que normalmente interrumpía su trabajo y estiraba las piernas a modo de higiene revitalizante, tomó la nota y se dirigió al domicilio allí indicado.
Se sorprendió al ver que habían varias personas esperando pero, muy a su pesar, recurrió al remedio del enchufismo y dió el nombre del tal Lorente a la pequeña escuálida que atendía en Recepción como secretaria.
Dicho y hecho, fue llamado al instante y no sin la consiguiente sorpresa por parte de aquél heterogéneo y paciente grupo, que continuó con su contemplación de los carteles con cábalas que proliferaban en la sala.
Carraspeando, se presentó a aquél hombre entrecano con tal brillo en los ojos que podía fundir el hierro y, pasados los preliminares, se acomodó en el sillón forrado de terciopelo; éste tan rasurado por el roce que, ni en sus más terroríficos sueños habria situado en parte alguna.
Aquella criatura de dedos manchados por la nicotina tenía ante sí un taco de cartas que movía sin parar, produciendo un ruido que, combinado con el ambientador y el olor a tabaco, le provocaban una sensación malsana que, aún a su pesar, le resultaba atractiva.
– dígame ¿es usted consciente de lo.que arriesga?, preguntó Gundemaro
Esa frase ya le impresionó un tanto, y respondió escuetamente con un “si”.
– Entonces, procedamos ¿qué es lo que quiere usted saber del porvenir en lo que respecta a su vida?.

Gemma Olmos Jerez
Mayormente soy yo. No me gusta ser otro pero sí ponerme en lugar del otro. Intento aprender y a veces lo consigo. Amo a mis amigos y me siento correspondida. ¿Para qué más??
Gemma Olmos Jerez

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