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He perdido todos los te quiero en la negrura del café por la noche. Y me he olvidado del último beso que nos dimos con las manos. Y es que, cuando no me tocas, el hielo congela toda mi carne, y mi sonrisa ya no llora, ya no espera ser besada. El reloj que llevo en la espalda me clava las manecillas en las costillas, implorando que seas tú, quien me llueva esta noche. Y sólo me queda llevarme las manos al corazón, que sufre como pájaro sin alas, pensando en caerse de nuevo al intentar volar.

Ya no sé si me gusta el significado de tu risa,
si guardo la locura de tu sueño con prisa.

Y mi única verdad se la has regalado a quien te jura amor,
mientras lame el sudor frío de tu espalda,
jurando que se quedará,
pero tu sabes,
que al filo del amanecer,
tus sabanas quedarán hechas nudos.

Pero he perdido el tiempo conmigo,
y eso,
irreversibleme,
jode.

Ahora sé,
por qué los desastres naturales llevan el nombre
de una mujer.

 

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