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Solo fue un lema, otro más en una época en la que mi garganta nunca se cansó al gritarlos. En la que casi todos marchábamos por la misma avenida intentando que nuestra voz sonara más fuerte de quien caminaba a nuestro lado. El miedo se había diluido entre los primeros rayos del sol que subía por el horizonte de esos años. Pero no fue solo una proclama, no pertenece en exclusividad a la frágil y engañosa memoria, también da fe de ello una amarillenta pegatina adosada a una carpeta de plástico trasparente con viejos escritos míos y que no sé cómo hizo para sobrevivir a tanto cataclismo personal. «23 de abril, más libros … más libres». Hoy se cumplen cuarenta años de aquello.
Confieso mi fascinación por todo cuanto resiste el desgaste provocado por el paso del tiempo. No obstante, soy reacio a celebrar aniversarios y a que cualquier excusa dé pie a conmemorar, año tras año, ‘el día de … ‘ pero con una excepción: el Día del Libro. En esta jornada, olvido mi resquemor y abrazo la efeméride. Lo hago para recordar que los libros pueden ser nuestros mejores amigos, los más eficaces consejeros, los inquebrantables aliados, nuestros pacientes confidentes, los más reputados psicólogos o los más ardientes amantes; que solo en ellos podemos encontrar la fuerza para conquistar imposibles, el bálsamo para nuestras heridas o la temblorosa caricia que nos emocionara al sentirnos cualquiera de los personajes que viven entre sus hojas. Libros de un ayer que vuelan para ser de hoy más que nunca. Libros de ahora mismo mostrando el ayer que nos cinceló. ¡Más libros … más libres!

Desde aquel lejano día de hace cuatro décadas, echo la vista atrás hacia el torrente por el que mi vida ha discurrido y me pregunto si conseguimos ser más libres, si aquello de más libros se llegó a cumplir en algún momento. Difícil respuesta, tantas caras tiene este prisma que desde cada una que lo contemplo descubro diferentes y contradictorias contestaciones. Sin embargo, de algo sí estoy completamente seguro, en seguir reivindicando más cultura, más educación. En suma, en fomentar los libros y la lectura lo que, con toda seguridad, nos hará mucho más libres.

José Manuel López Moncó ( Madrid, 1956). Uno de sus primeros recuerdos son las estanterías llenas de libros en la casa de sus padres. Tal vez por eso, el olor que estos desprenden sea uno de los que siempre le han hecho sentir mejor. Debía ser algo premonitorio, porque con apenas veinte años y junto a dos amigos, inaugura y gestiona una librería y sala de exposiciones de más gratos recuerdos que beneficios. También es en esa época cuando su nombre aparece por primera vez como autor: «Kabilaciones», libro que recogía poemas de otros seis jóvenes escritores. Transcurrieron treinta y cinco años, un larguísimo silencio según él mismo confiesa, hasta que volvió a publicar. Durante todo ese tiempo, una absorbente actividad profesional en el mundo aeronáutico lo mantiene alejado de la literatura, pero sin abandonar nunca el interés por plasmar en papel las historias o los versos que rondaban por su imaginación. Solo es en los últimos cuatro años cuando publica la mayor parte de su obra y se dedica con más intensidad a escribir. A principios de 2014 publicó «Obra Incompleta», compuesto por dos relatos y una novela titulada «Bailarina de alquiler». En octubre de 2015, auto edita un conjunto de treinta y cinco relatos cortos: «En pocas palabras». En Febrero de 2016 sale a la luz: «Fakir de Canciones», libro de cuentos y relatos, todos ellos vertebrados alrededor de reconocidos temas musicales. En marzo de 2017, culmina una larga idea y auto edita: «Mitin Natural», una antología poética de setenta y cuatro poemas escogidos entre los más de quinientos que ha escrito estos años. Su último proyecto, y en el que ha depositado mucho esfuerzo e ilusiones, se llama: «Hojas incendiarias». Otro conjunto de relatos y cuentos, género en el que dice sentirse muy realizado pues le permite abordar múltiples temas y diferentes estilos narrativos. Como lector, no se decanta por ninguna tendencia o género, todo aquello que le haga pasar un buen rato, le gusta. Así mismo, se siente atraído por el lenguaje cinematográfico, donde se mezclan imágenes con diálogos y sonido, algo que intenta trasvasar hasta relatos, cuentos o novelas. Entre sus referentes literarios se encuentran novelistas tan dispares como Galdós, Pérez-Reverte, A.Grandes, Ruiz Zafón, Vázquez Montalbán, o poetas como M.Hernandez, A.Machado, G.Fuertes o León Felipe. Gustoso esclavo de sus muchas pasiones, la de ser un buen escritor prevalece sobre otras, sintiéndose tanto agradecido como en deuda con todos sus lectores. Diciembre 2017

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