Solo preciso un espacio en silencio y unos pocos renglones para morir.
Morir por tener las manos pequeñas y el corazón inmenso.
Ahora que este miserable agosto restriega sus cenizas en el almendro,
y me acompaña mi ausencia destartalada
en este paseo desilusionado de álamos.
¿En dónde se visten los ojos de fiesta?
¿En qué baile estará mi cintura aferrada con fuerza?
Exijo la noche,
quiero esa melena oscura
que escupe mi nombre en la sombra.

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