Tus dulces manos de hombre que ha coleccionado años entre los surcos de tus venas anchas, se han vuelto con el paso del tiempo más suaves y precisas, llegan a mi piel con más de 20 años de retraso y sin pretender en espera silenciosa, muda, que por ser tan sigilosa no nos dimos cuenta de que siempre estuvieron ahí, pacientes, llenándose de pasión y deseo contenido ciego, que explotó en el cauce de tu río tibio con el roce de un beso efímero y una mirada diferente a las que durante casi una vida esperamos sin saber.
Ese pequeño cambio, esa diminuta sensación, se quedó pendiente entre tu piel y mis besos no dados de nuestra distancia tan cercana, en la continencia de tu calor y en calor de mi deseo que por fin coincidieron en darse cuenta que un fuego enciende otro.
Desbordaste en estrepitosa corriente mis ganas de ti, mientras tus manos finas me volvían loca, tan loca que no sabía que mi cause iba a tu placer mojado, y mis ansias y tu impaciencia de conocer lo que siempre tuviste al alcance, se unieron formando olas tempestuosas que nos inundaron una y otra vez al entrelazar las fibras de piel antes seca.
Jamás fuimos valientes para decirnos y hacernos lo que nuestras mentes crearon una y mil veces inventaron. Tu cuerpo tan conocido lo veo por primera vez desde mi aliento sobre él, desde tu sabor en mi boca, de tu humedad en mis labios y el torrente; que solo de pensar en ti, fluye con solo saber que vendrás de nuevo y la entrega será completa cuando beba de tu savia y te alimentes de mi sabor de mujer deseada.

Acacia González

Acacia González

Tan solo una persona que le gusta contar historias, que le gusta conocer cada día nuevas cosas, aprender jamás termina y yo sigo esa norma..
Acacia González

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