La caza de Caperucita

La caza de Caperucita

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—Estás ahí mi lobo?

—Claro, ¡esperando a comerte Caperucita!

El hombre tumbado boca arriba, completamente desnudo con su miembro viril arribando bandera, esperaba ansioso a su presa.
Ella salió del baño insinuante, mojándose los labios con la lengua.
Al verla, el quedó estupefacto, incorporándose en la cama. Llevaba una mini capa roja, que dejaba ver su espléndida silueta. Sus largas e interminables piernas, lucían para la ocasión medias de seda negra.
Caperucita se fijó en el disfraz de lobo. Estaba tirado en el suelo.
Su pensamiento hizo que no siguiera andando, podía oír aquéllas voces. ¡Quedó petrificada!
No, ¡déjame o se lo diré al abuelo!
Tu no vas a decir nada, porque te mato, me oyes, ¡te mato!
Eh, preciosa ¿qué ocurre?
¿Es que no quieres que te coma? Ja ja ja. Ella reaccionó y se abalanzó sobre el.
Buscó su boca, mientras tocaba su torso.
Fue en ese instante, cuando deslizó la otra mano hacía el bolso de su capa. Cogió un cuchillo y lo clavó en medio del tórax del hombre.
La muerte fue instantánea.
Se quitó el disfraz, se vistió y salió de la habitación del hotel.

—Hola Buenas tardes doctor.
—¿Cómo te encuentras?
—De eso quería hablarle doctor. Quiero dejar la medicación. Creo que no la necesito.
—Pero mujer, ¿cuántas veces te he explicado este tema?
No puedes, tu salud mental depende de ella.
—Está bien, le haré caso. ¡Usted siempre gana!
—¿Alejandra?
—¿Si, cariño?
—Esta noche volveré tarde. El comisario tiene que hablarnos de un caso de tres crímenes. Por lo visto la tía se los cargaba, vestida de Caperucita roja!! ¿Puedes creértelo?
—Madre mía, yo ya me creo todo. Te espero en la cama.
—Señores apuntillo el comisario, nos enfrentamos a una asesina en serie. De los tres ,uno ha sobrevivido después de luchar por su vida en la UCI durante mucho tiempo. El es, quien nos ha dado la descripción de la asesina.Capta a sus víctimas, en un bar de las afueras llamado” el surco”.

Después les lleva a un hotel donde previamente reserva habitación.
El modo operandi, ya le conocen. Agente Hernández, usted será el cebo para que caiga en la trampa ,dado que está usted soltero.
Los compañeros, soltaron unas carcajadas.
Sergio llegó temprano. Tuvo que esperar bastante, pero al final llegó ella. Tenía que ser ella! Bella, alta, con clase.
Se sentó a su lado junto a la barra, para poner en marcha la trampa.

—Hola preciosa, ¿vienes mucho por aquí?
Ella le miró lascivamente.
—Lo suficiente, para jugar.
—Jugar ¿a qué?
A Caperucita y el lobo feroz, ¿te gustaría?
—Claro dijo Sergio, ¡me encantaría!
En el hotel, sacó de un amplio bolso los disfraces.— Toma ponte el de lobo, guapo. Yo me lo pondré en el baño.
Sergio estaba preparado.
Cuando ella apareció en escena, supo el porqué esos hombres habían sucumbido a sus encantos.
Ella le preguntó:
—¿Por qué no te has puesto el disfraz?
—No quiero perder el tiempo, ¡el tuyo te durará poco!
Después de besar a Sergio ,su mano sigilosa se deslizó al bolsillo y saco el cuchillo. Pero este la hizo un llave de antebrazo y ella soltó el cuchillo.
Sujetándola por ambos brazos, logró ponerla las esposas.
— Quedas detenida por dos asesinatos y otro en grado de tentativa.
Ella se revolvió como pudo, golpeando su cabeza contra el cabecero, hasta perder la consciencia.
De su boca salía una especie de espuma blanca. Pensó que era un ataque epiléptico.
Asustado llamo a una ambulancia y pidió refuerzos.

En el hospital, después de unas pruebas, fue remitida a psiquiatría.
El doctor Sánchez su médico no daba crédito a lo contado por el agente.
—Doctor, esta mujer está enajenada mental, o ¿la razón puebla su cerebro?
—Es muy complicado asegurarlo, contestó.
Ella sufre desde los diez años desdoblamiento de la personalidad, estrés prostraumatico y ataques psicóticos.
Aún estaban hablando cuando llegó el refuerzo pedido por Sergio, Julio.
Preguntó dónde estaba la detenida. Subieron a la habitación y al verla, Julio palideció.
¡Alejandra! Exclamó.
Es, ¡es mi esposa! ¿qué hace aquí?
—lo siento dijo su compañero, dándole una palmada en la espalda.
—Usted ¿no sabía de la enfermedad de su mujer? preguntó el médico.
—¿Enfermedad? ¿qué enfermedad?.
El doctor contó lo que Sergio ya sabía.
Alejandra perdió a sus padres en un accidente, cuando contaba nueve años de edad. Y sus abuelos paternos se hicieron cargo de ella.

Tenían otro hijo, tío de la pequeña de treinta años.
Jugaban a disfrazarse de Caperucita y el lobo muchas veces.
Un día buscando el abuelo a su nieta, encontró a su hijo abusando sexualmente de la niña, mientras está chillaba. Los disfraces tirados sobre el suelo.
El hombre enajenado de rabia, cogió un punzón y lo clavó en el pecho de su hijo, murió en el acto. Alejandra, presenció todo aquello.
Desde aquel momento empezó un calvario para ella.
— Estoy seguro que imita lo que vio hacer a su abuelo.Si esos hombres hubiesen tenido puestos los disfraces, aún seguirían vivos.
Julio rompió a llorar.

Carmen Escribano.

PARTICIPA TÚ TAMBIÉN EN EL DESAFÍO ” DE CAPERUCITAS Y LOBOS

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La mirada azul.

La mirada azul.

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Con tu mirada azul
acariciaste sin saberlo ,la pesadumbre agobiante de la impotencia sentida!

Algo cambió en el aire que arreciaba norte,
convirtiéndose en fina brisa, para refrescar ultrajados sentimientos!

Todavía el pestilente olor a amargura,
era aroma repudiado pero ocupaba la atmósfera, sin querer desaparecer!

Sugeria infierno ,en el que el fuego devoraba entrañas, y las almas solo eran cenizas!

Pero los verdes oscuros, se tornaron en verdes esperanza.
Y otear el horizonte,
renovaba la extrema visión, donde tierra y cielo se unen!

Las piernas se hacian fuertes para empezar camino, y llegar a meta con la medalla de la dignidad perdida!

Carmen Escribano.

Volver a existir.

Volver a existir.

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Ya no duelen las ingratas carnes, fulminadas por tu mirada de hielo!

Ahora las nubes ya no sudan lágrimas que mojan!
Solo una suave brisa arranca una menuda llovizna!

No hay murallas tan altas, para destruir el eco de una voz, que acaba de despertar!

La naturaleza muestra sus inmensos secretos ,al paso de quien osa contemplarlos!

Ya no existe el miedo,
ni el agobio, a la supremacía del que se sabe poderoso!

Puedo volar sin alas.
Alardear de exitos merecidos.
Mostrar al mundo mi valia!

El yugo que condenaba una existencia sin vida,
ha sido deshabilitado para siempre!

Carmen Escribano.

La vieja casa!

La vieja casa!

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Cuando llegué a la vieja casa, las sensaciones se agudizaron de una manera brutal.
Dando paso a emociones dormidas hasta ese momento.
Fue como entrar en éxtasis!.
En una ruleta que giraba y giraba, dando paso a unos recuerdos que podía experimentar en cada uno de los sentidos; en la piel, el tacto, el oído, la visión ,el olfato. Absolutamente todos pasaban por el filtro de todos y cada uno de ellos.
Podía verme jugando con mis dos hermanos pequeños, e imponiéndome ante ellos con mi mal genio. ¡Para algo era la mayor! Oír las apuradas voces de aquella mujer de baja estatura, riñéndome como buena madre. “Hija, cuida de ellos y no les chinches” me decía, mientras cocinaba en la vieja cocina de leña, en un pote de barro donde todo sabía a gloria!
¡Cuánto luchó por nosotros! ¡Que santa mujer fue!
La casa por fuera y por dentro, ha envejecido igual que lo hacemos las personas, pero a pesar de su sencillez, resulta tan hermosa.
Subo arriba por las carcomidas escaleras de madera, donde el crujido a pesar de los años, se conservaba intacto.
Cada puerta que abro de los tres dormitorios con los que cuenta, trae a mi mente historias vividas intensamente. Puedo escuchar las risas que soltaban mis hermanos, cuando papá llegaba y les tiraba sobre las camas , provocando los chillidos de ambos al hacerles un montón de cosquillas, después de muchos meses trabajando de jornalero de sol a sol, para traer el sustento de la familia.
sentir su beso en la frente y las manos subiéndome hasta su pecho, para abrazarme.
Era la casa, ¡nuestra casa!
El hogar feliz que amparó mi niñez y adolescencia. Que a pesar del tiempo pasado, siempre estuvo ahí, en mi recuerdo.
Hoy he vuelto a un dulce pasado y he revivido una felicidad que creí imposible volver a sentir.
Me llevo una gran lección, ” los momentos felices son perennes en el tiempo”

Carmen Escribano.

Final o principio?

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¡Se oyeron los ecos en un horizonte perdido, y se desató el viento tapando las bocas difamantes!
¡Una espesa oscuridad, fue cubriendo un sol antaño transparente, y ahora cruzando el umbral hasta el infinito ,para alcanzar el ocaso del que ya no saldría jamás!
¿Por qué osciló el tiempo, convirtiendo el minuto en hora?
¡Los perros callejeros, eran lobos venidos de las colinas, y los pájaros ,guardianes de la noche!
¡Siluetas errantes que caminaban sin rumbo, yacían en caminos angostos y embarrados , donde solo el más fuerte sobrevivía !
¡Rostros desencajados, se miraban sin pronunciar palabra alguna. No había nada que decir!
¿Era el final anunciado?
¿O quizás el nacimiento, del que nadie quería formar parte?

Carmen Escribano .

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