El sedal

El sedal

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Estiró hacia atrás el brazo haciendo que se balanceara el anzuelo en el aire y con un enérgico movimiento de codo lo lanzó lo más lejos que pudo. El silbido del sedal desenrrollándose  le recordó aquel otro del filo de la tijera rizando cintas para regalos. Había decidido rebelarse contra el tiempo de prisas y compras impuestas porque estaba firmemente convencido de que la ilusión por hacer feliz a alguien tenía que ser otra cosa. Una leve onda concéntrica en el agua y un pequeño tirón lo devolvieron a la quietud de aquel pedacito de costa que era su escondite favorito. Mientras recogía fácilmente carrete se daba cuenta de que su adversario no presentaba apenas batalla y cuando lo sacó del agua no le costó identificar a uno de aquellos peces de colores únicos. «No volveré a pescar uno igual»…  Liberado de la trampa, alguien feliz se sumergía de nuevo.

Tiempo

Tiempo

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Hubiera hecho y deshecho la labor durante días, meses y años. Las hojas otoñales combinaban sus colores al compás de los hilos en sus dedos pero el tiempo había perdido su valor porque el único verdadero comenzaría cuando el joven anciano atravesara la puerta. En ese momento reclamaría su patria, su lugar, a su mujer y a su hijo. El engaño de Penélope mantendría su cuerpo a salvo de otras manos, tal y como Ulises había resistido al canto seductor de cualquier sirena que no se llamara Penélope.

El secreto del señor Evol (Jordi Hortelano)

El secreto del señor Evol (Jordi Hortelano)

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Opinión personal:

Leer esta delicia de relato supone acabar convencida de que eres uno de los elegidos para conocer el secreto del señor Evol. Como muchos de los buenos escritores, Jordi Hortelano da la oportunidad de seguir descubriendo detalles con cada relectura porque todo camino que lleve al señor Evol supone un descubrimiento. Cuando lo leí por primera vez me vino a la mente inmediatamente Dorothy  y sus baldosas amarillas aunque yo personalmente prefiero el premio final al que me han llevado las metáforas de Jordi con un vocabulario y un estilo íntimo, certero y exquisito.

Sinopsis:

Según cuenta el hortelano, una vez cada cierto tiempo, se reúnen todos los sueños en asamblea y deciden a quién de entre todos los humanos le contarán el secreto del señor Evol. Una vez han elegido a alguien, envían a uno de los sueños del afortunado para que una noche le hable, mientras duerme, de la existencia de dicho personaje y le comunique que ha sido escogido para conocer su secreto. Posteriormente, determinan cuál de todas las noches del año es la ideal para llevar a cabo tan importante acontecimiento y, mientras el sueño encargado de despertar al elegido y hacerle de guía cumple con su misión, el resto se encarga de protegerlo haciendo que toda la gente de su entorno duerma profundamente y no puedan sorprenderlo.

 

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Excusatio non petita…

Excusatio non petita…

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La había buscado incansablemente aquella tarde. Vació y revolvió los mismos cajones una y otra vez hasta que se convenció de que no estaba, de que ningún rincón de la habitación había quedado sin revisar. No hubiera empleado tanto tiempo buscando cualquier otro objeto pero sabía que era vital que apareciera porque en algo tan pequeño y delicado se encerraba probablemente el camino que tomaría su vida.

Los minutos se sucedían dando paso a las horas y estas aumentaban su angustia. La idea de que en realidad no la había perdido sino de que había ido a parar a unas manos inadecuadas fue tomando cuerpo en su cabeza.

Luis, que era tremendamente despistado, podía haberla cogido pero… ¿por qué? ¿Para qué? Y si era así, ¿por qué  no se lo había comentado?

Llegó un momento en el que supo que tenía que dejar de buscar en base a aquel vago consuelo de que las cosas aparecen de golpe cuando no se buscan. Pero, al día siguiente su miedo se materializó cuando la encontró en uno de los bolsillos de la chaqueta de su marido. Aquello era una hecatombe y ya no había otra salida que ser fiel a su costumbre y poner las cartas sobre la mesa.

– Luis, no hace falte que indagues de dónde ha salido la pulsera, ni siquiera que me preguntes. Me la ha regalado Ricardo hace unos días… mientras estabas en Salamanca. Hubiera querido tener el valor de decírtelo antes pero te juro que lo hubiera hecho igualmente aunque no la hubieras encontrado. Ha sucedido casi sin darnos cuenta. Tú sabes que siempre nos hemos llevado bien él y yo desde que me lo presentaste aquel día. La amistad, el cariño… no sé en qué momento se transformó en algo más pero no es sólo una aventura y yo…

Luis la mirada alucinado, sin pestañear pero con los ojos brillantes con una mezcla de rabia y dolor contenido. En su mano cerrada guardaba una pulsera con el cierre roto que creía comprada por su mujer. Quería llevarla a la joyería y arreglársela para sorprenderla y convencerla así de que no era cierto eso de que nunca se fijaba en los detalles.

La paciencia y la prudencia eran dos virtudes con las que Irene no había nacido y que además no se molestaba tampoco en ejercitar. Cuando su marido abrió la mano y le dijo con los dientes apretados por qué había cogido la pulsera, entendió que aquella sinceridad a quemarropa tendría terribles consecuencias y lo que es peor, no sólo para ella.

Ascensor

Ascensor

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Después de tanto fantasear con compartir el mismo espacio, la cogió por sorpresa verlo esperando el ascensor. Por un momento pensó en subir por las escaleras pero sería muy evidente que huía ¿Por qué esa necesidad de salir corriendo cuando tenía delante la oportunidad soñada? Haciendo un esfuerzo por controlarse se situó a su lado y lo saludó con un breve “hola”, mirando al frente, creyendo que así se notaría menos el color de sus mejillas. Sólo era posible que él no notara el fuego en su cara si la saludaba igualmente de manera protocolaria. Pero la miró y sonriendo dijo.

– Hola ¿qué tal?

Ahora se vería obligada a contestarle mirándolo y ese gesto tan simple sería como si un soldado delatara su posición en medio de la batalla. Ella escuchaba sin dificultad el golpeteo de su corazón y estaba segura de que si él hubiera dirigido la mirada un poco más abajo hubiera visto su pecho palpitante.

– Bien, liada, intentando que todo esté listo para…

En ese momento se abrieron las puertas del ascensor y la aparición repentina de su compañero de redacción la salvó de la palabrería incontenible que se activaba cuando estaba nerviosa.

– ¡Hola! ¿Qué tal Carlos? Acuérdate de que hemos quedado con los de deportes…

– No me olvido

– ¡Vaya calcetines que llevas tío! No sé son adecuados para la imagen de un futuro escritor

-Pues no me los quitaré hasta que logre escribir una novela con el taller online de Taller de relatos

Una vez dentro, él se situó justo detrás de ella y su amigo, que no paraba de hablar, al lado. En la tercera planta los dejó solos pero el ascensor continuó medio vacío porque Carlos no cambió de lugar. Era más alto que ella, así que mirando hacia abajo podía ver parte de sus hombros desnudos. Ella lo notaba ahí, pegado a su espalda, sin tocarla, pero sabía que en cuanto hiciera cualquier movimiento el contacto se produciría y ya no estaba tan segura de que fuera involuntario. El ascensor parecía haberse ralentizado pero llegó a su destino: la planta de ella. Se abrieron las puertas y él la sujetó por las muñecas al tiempo que se inclinaba para susurrarle:

– Deja que se cierren de nuevo…

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