CASA NEGRA

CASA NEGRA

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Mi mujer estaba admirando la escalera en forma de caracol que se erguía a mitad de la sala como una serpiente enroscada mirando hacia el cielo — ¿Podría mostrarnos el resto de la casa?¬ — pregunté a la vendedora que nos miraba como preguntándose si tendríamos el dinero suficiente para adquirir semejante mansión digna de albergar a los Locos Adams, —Por supuesto— afirmó ella mientras se adentraba en una habitación, se detuvo en el marco de la puerta, volteo eh hizo un gesto de “Síganme” con la cabeza, tomé a Darlyn de la mano y nos adentramos en la penumbra de la siguiente habitación. —Esta es la cocina— anuncio la vendedora mientras ajustaba su apretado saco gris, un golpe seco retumbo en el suelo seguido del estruendo metálico de los sartenes que cayeron al suelo, Darlyn casi brinco del susto y se tomó de mi brazo — ¡UN GATO! — gritó asustada, el animal se levantó del suelo y de un solo brinco se subió al lavabo, camino elegantemente atreves de la estufa y se detuvo en el lavamanos, era muy largo y gris con manchones negros esparcidos por el cuerpo, tan escuálido que sus costillas se saltaban a cada paso que daba, sus orejas puntiagudas se levantaron y soltó un chillido violento mientras se le erizaba el pelo del lomo. —Él es Alinger— dijo la vendedora —Era de los antiguos dueños, hasta que… —Soltó un suspiro y miro hacia la pared que estaba a nuestra espalda —Usted sabe— gire la cabeza y ahogue un grito cuando vi las manchas de sangre esparcidas por el lugar —Fue una muerte violenta— añadió —Por ello bajamos el precio—. Darlyn me miro horrorizada y se sujetó de mi mano — ¿Quién los mato? — Pregunté a la mujer —Fui yo— dijo la voz ronca del animal entre maullidos y ronroneos, se lamia una de las patas como saboreando restos de comida.

Desafío Espeluznante (El gato negro)

Photo by _iBaNe_

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Bajo la sombra de la bestia.

Bajo la sombra de la bestia.

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La noche se les echó encima sin darse cuenta casi,la luna en lo alto les guiaba con su tenue luz. Una fina niebla se habría paso como el suave caer del telón al acabar la función.
Nadie les obligó a ir, eran unos temerarios. Sólo se oían sus fuertes pisadas, el silencio, era ensordecedor.
Armador con sus puñales y espadas, recorrían aquel inhóspito lugar; nadie en su sano juicio iría sino era para morir. Las últimas desapariciones les obligaron a actuar sin demora, no podían consentir que ninguna otra mujer de su aldea desapareciera.
Contaba una vieja leyenda, que cada año desaparecían cinco mujeres en edades casaderas, una terrorífica bestia salía de su cueva hacia el pueblo y se las llevaba. Una vez desaparecían ni rastro de ellas. Quienes decían haberla visto, contaban que vestía viejas vestiduras y un gran sombrero. Era tan altocomo sus chozas de largas patas y afikadas garras. Sólo una anciana había llegado a verle los ojos, vacíos y tristes contó que eran. Unos ojos que guardaban un gran secreto, ¿pero cuál era?
Cansados de aquella situación los más valerosos hombres del pueblo se aventuraron a descubrir que era lo que guardaba dicha leyenda adentrándose en el bosque. Era la noche víspera de difuntos,el silencio sólo roto por sus respiraciones les llevaba a mirar a ambos lados, que fueran valientes no quería decir que no tuvieran miedo, no sabían a qué clase de criatura se enfrentaban. El alarido que escucharon hizo que pararan de golpe casi chocándose entre ellos.Sus cuerpos temblaban obligándolos a castañear los dientes y a sudar a pesar del frío. Un zumbido y el silbido azuzando las ramas de los árboles los estaban descontrolando. De pronto uno de ellos faltaba, después otro y así hasta quedar uno sólo.
El cielo emoezaba a teñirse de rojo sangre,¿qué era lo que sucedía?

Desafío Espeluznante (El gato negro)

Ágata

Ágata

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Llegué a casa justo cuando mi gata estaba en pleno parto. Ya habían nacido seis preciosos cachorrillos atigrados como ella, pero parecía que el séptimo se le atravesaba.
Me puse unos guantes dispuesta a ayudarle cuando, de pronto salió disparada a mis manos una bebé negrita, de unos dos kilos, completamente formada.
_ ¿Me estás diciendo qué tu gata ha parido una niña?
_ Tampoco yo daba crédito
_ ¡Venga ya!
_Me froté los ojos con las mangas y la revisé bien antes de dejarla con el resto de la camada. He venido a ti porque no sé qué hacer.
_ Jajaj jajá ¡Qué hoy no es el día de los inocentes_ Contestó la amiga veterinaria.
_Por favor, ven y compruébalo tú misma._ Petra agarró con fuerza la muñeca de su amiga y se lanzó a correr la manzana que le separaba de su casa.
_ ¡Estás loca!_ Corría para evitar ser arrastrada. Su amiga sólo la soltó al llegar a su puerta para sacar la llave. Entraron aún jadeando hasta el salón, tan deprisa, que la mamá gata se asustó alzando su lomo con los pelos de punta, desafiante. Casi todos los cachorrillos dormían, pero la bebé se incorporó imitando a su madre y erizando los pelos que tenía en su cabecita.
_ ¿Te lo crees ahora?
_ ¡Es una bruja! Tienes que librarte de ella antes de que crezca. Gritó la veterinaria, señalando con el dedo a la niña. De pronto, madre e hija se lanzaron a la cara y yugular de la asustada mujer. En la trayectoria, la bebé se convirtió en una auténtica gata. Muy grande para ser recién nacida. Petra se desmayó.
Horas después, Petra se despertó ante las penetrantes miradas felinas; como hipnotizada, se dirigió a la más pequeña.
_Te llamaré Ágata.
Y como con un mandato superior, arrastró de los pies el cadáver que tenía al lado , siguiendo a las dos gatas y lo enterró en un hoyo ya hecho ,que se encontró en el jardín. Junto a una mandrágora vieja.

Photo by peganum

 

Ajuste de pesadillas

Ajuste de pesadillas

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Me desperté angustiado al notar como mis dientes se desprendían sin remedio de las encías. Me incorporé rápidamente para vez si podía frenar esa súbita deserción. Coloqué las manos en forma de cuenco para recoger las piezas que caían sin necesidad de ser escupidas. Cuando me quise dar cuenta noté como las encías chocaban certificando la defunción total de sus ocupantes. Mientras miraba mis manos repletas, pensaba en el atracón que se iba a pegar el «Ratoncito Pérez».

Pero mi congoja no acabó allí. Observé que estaba rodeado de pelos. Me palpé la cabeza y estaba totalmente desierta. Miré la almohada y allí estaba el manto capilar que había decidido abandonarme también. «No puede ser. Esas pesadillas nunca se habían mostrado a la vez y en el mismo sueño». Cerré los ojos pensando que cuando los abriera de nuevo todo volvería a la normalidad.

Pero no fue así. Escuché como la puerta de mi casa se cerraba de golpe. La luz del pasillo proyectó una sombra que no pude identificar. Salí huyendo por la ventana y ascendí por la escalera de incendios hasta la azotea. Miré hacia atrás y la sombra me perseguía. Desnudo, sin dientes y sin pelo seguí en retirada. Sabía que me pisaba los talones. Aunque quería no podía ir más deprisa, una fuerza invisible parecía frenarme. Llegué al abismo donde se acababa la terraza. Volví a mirar y no vi a nadie, pero sabía que estaba allí, escondida al amparo de alguna penumbra.

Tenía frío y el corazón desbocado. Noté como me empujaban y caía inevitablemente al vacío. Veía cómo se acercaba el suelo. «Definitivamente esto es un sueño». Intenté relajarme con esa idea. Cuando ya estaba cerca del final vi como un gato negro estaba justo debajo de donde debía aterrizar. Me miraba y no se apartaba. «Lo aplastaré, al menos me llevaré eso conmigo». Sonreí con ese pensamiento. «Pronto despertaré».

Me encontraron empotrado en el asfalto. El golpe fue tan fuerte que no me quedó un solo miembro en su sitio. El gato negro se estaba dando un festín.

Desafío Espeluznante (El gato negro)

Al final, la vida se las cobraba todas…

Al final, la vida se las cobraba todas…

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No se escuchaba ruido alguno, ella soñaba tan apaciblemente, había estado tan cansada que todavía se negaba a despertar.
Los sucesos ocurridos con anterioridad, habían sido la causa principal de su desfallecimiento.
Varias horas después abrió los ojos lentamente. Se sentía todavía aturdida, nunca había dormido así, quizás se debía a que siempre escuchaba los gritos de las personas, jamás estaban calladas, honestamente, si la sangre humana no pigmentara tan bien sus vestidos, no se tomaría tantas molestias por obtenerla, y es que a ella le encantaban los tonos de rojo intensos, deslumbrantes que sólo la sangre conseguía.
Mirando detenidamente se encontraba en un espacio muy reducido, tal vez no se había percatado de esto con anterioridad porque estaba muy somnolienta, pero ahora lo mejor sería salir de allí cuanto antes, pues empezaba a sofocarse.
Intentó empujar la madera que tenía delante, ni siquiera se movió, intentó una y otra vez, hasta que se cansó, sin embargo no obtuvo ningún avance.
Conforme transcurría el tiempo, su desesperación aumentaba, el silencio tan agradable al principio, ahora le abrumaba. Cada vez se le hacía más difícil respirar, era como si el oxígeno se le estuviera acabando, ¿acaso moriría? De ser así… ¿Por qué? ¿Por qué ella y por qué ahí?
De pronto recordó lo último que sucedió. Después de colgar a la última de sus víctimas, y ver cómo se desangraba lentamente, comentó lo molesto que era escuchar los gritos de las personas mientras la vida se les escapaba, lo irritante que era el que aún conservaran una pequeña esperanza, cuando era obvio que morirían. Y gracias a eso, ella no podía dormir bien, rogaba por descansar eternamente en total silencio. Su leal sirviente que la escuchaba, dijo:
-Tengo la solución perfecta, mi señora.
Lo ignoró, se acostó a dormir y después se encontraba allí. Dudaba poder salir, al parecer su sirviente la había malinterpretado, si tan sólo hubiera podido ver su última creación terminada, había perfeccionado el arte de teñir las telas y el vestido estaba casi listo… Sonrió, al final, la vida se las cobraba todas…

Desafío Espeluznante (El gato negro)

Photo by Guzmán Lozano

 

Madre

Madre

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Otra vez tarde. Unas facturas me habían retenido en la oficina. Miraba el reloj, escuchaba el silencio de la calle y sufría. Sobretodo, por madre. Las noticias enseñaban continuamente las imágenes de los últimos cadáveres. No se hablaba de otra cosa. Estábamos asediados por el miedo. Caminaba con esas visiones en mi mente. Hombres y mujeres salvajemente apuñalados en las calles. Orificios por donde manaba la sangre que la huida del alma secaba para que señalase durante días el rastro de la muerte. Siempre de noche. El asesino se ensañaba con ellos, y las televisiones plasmaban en cifras altas los agujeros que hacían jirones los cuerpos de las víctimas.
Unos pasos a mi espalda provocaron pequeños estremecimientos de terror en mi pecho. No me atrevía a mirar. Un sudor interno se apoderaba de todo mi cuerpo. Me dolían aquellas pisadas, causaban que mis manos se apretasen a mi corazón. Temía que la ansiedad me desbordase. Llegaron a mi altura. Una pareja. No me miraron, no parecía afectarles lo cerca que estamos todos de la muerte. Se alejaron, pero mi nerviosismo seguía intacto. Madre estaría muy preocupada, atenta a los noticiarios de la radio.
Unas voces me alertan de la presencia de varias personas al doblar la esquina. La sangre golpea con fuerza todas mis venas mientras mis manos se relajan y se cuelgan a mis lados. Tres borrachos que apenas se fijan en mí. Un asomo de sonrisa y tranquilidad marca mi rostro.
Llego a mi barrio. Una figura solitaria se apoya en una farola. Está en mi camino. Empiezo a sudar intensamente y noto la rigidez otra vez en mi pecho. Acuden otra vez las manos rápidas a él y la mente se me llena de sangre. Estamos solos en la calle. No me mira cuando paso a su lado. Error fatal. En mis manos aparece un estilete que acaba con su vida en treinta rápidas estocadas. Tiemblan los dos cuerpos. Y el miedo desaparece cuando me alejo del cuerpo inerte.
Madre estará tranquila cuando llegue a casa. Limpiará mi sangre y escucharemos juntas el noticiario de la noche.

Desafío Espeluznante (El gato negro)

Photo by Cebolledo

 

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