Superviviente en un mundo frío

Superviviente en un mundo frío

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Hace frío, la verdad. Mi cabaña ofrece un aspecto acogedor que queda desmentido por el vaho que mi respiración desprende. Estoy incomunicado. La nieve no me permite ni abrir la puerta. Podría salir por la ventana, pero mi coche está cubierto bajo una espeso alud que por suerte no se ha llevado esta choza. Mi teléfono móvil parece tener una cierta cobertura intermitente, pero no logro avisar a nadie. Mis dedos tiemblan. Me cuesta telefonear. He echado ya los últimos troncos que tenía en la chimenea. Mantengo una llama suave para que no se consuma deprisa. Calculo que tengo fuego para una hora o dos. A partir de ahí, tendré que empezar a quemar las sillas.

Es tan bonita esta cabaña por dentro… A pesar de haberse quedado sin electricidad, y de estar tan oscura con este día horrendo. Pero la casa sigue preciosa, iluminada por la tenue fogata de la chimenea. Por ahora no tengo miedo. Hambre sí, ya son tres días… Ya tengo la primera silla preparada, con las patas rotas, listas para convertirse en combustible. Apenas hay algo de papel… Solo un periódico atrasado que he distribuido bajo mi camiseta y pantalones. Aísla muy bien del frío, esto ha sido una gran idea inspirada en los hombres sin casa que pasan las noches en los portales. Pero lo tendré que usar si me quedo dormido y las llamas se extinguen. Si el fuego se apagase… no sé si lograría hacerlo prender de nuevo. Quizás fuera haya doce grados bajo cero… Tengo helados los pies, pese a los mil calcetines que llevo puestos. Todo está muy húmedo. Necesito moverme, pero como tampoco he comido apenas… He abierto la ventana y he empezado a masticar y tragar las hojas de las plantas que tan cariñosamente viene cuidando la propietaria sobre el alfeizar. Muy bien no me siento.

Alquilé esta cabaña para estar solo escribiendo el Desafío Literario.

Quería aislarme… y sí que lo he logrado…
Mi portátil, como mi móvil se quedará pronto sin batería…
Lo peor del caso es que me voy a quedar sin mi sesión de hoy del taller de Enrique Brossa, por videoconferencia. Son unas sesiones magníficas y especiales. Si salgo de esta… creo que no desaprovecharé más mi tiempo. Escribiré más y me apuntaré a sesiones diarias de Enrique Brossa. Puede que dos o tres al día. ¡O cuatro! Y me convertirá en novelista. Me enseñará a expresarme como yo mismo soy. De momento voy a usar lo que me queda de batería para hacer el Desafío Relámpago.

Espero que no sea tarde, porque ahora lo veo todo claro. Escribir… Escribir es importante. Más que comer.

Photo by Hugo-90

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Ganadores concurso relámpago “Saldar cuentas”

Ganadores concurso relámpago “Saldar cuentas”

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CATEGORÍA “COLUMNISTAS”

Con un total de 53 votos, Jordi Hortelano (c0lumnista y tallerista) es nuestro flamante ganador en esta categoría  de los escritores que ya forman parte, por méritos propios, de desafiosliterarios.com. ¡Enhorabuena Jordi!. Un placer cada palabra y cada línea.

AMOR INFINITO

Entró sin respirar, sin hacer el más mínimo ruido. Ni siquiera el silencio le oyó entrar, su nueva condición era su mejor arma. Su hijo dormía a sueňo suelto, la emoción del día le había derrotado, a la maňana siguiente al despertar, los reyes le habrían dejado sus regalos. La ilusión asomaba bajo la almohada pero el cansancio se le colgó de los párpados con una fuerza inusitada.
Avanzó seguro de no despertarlo, hizo un espacio entre la ropa, los juguetes y algún libro que le habían comprado el resto de familiares y dejó la bicicleta que le había prometido a su pequeňo antes de morir, no podía marcharse al otro mundo sin saldar su cuenta.

CATEGORÍA “PARTICIPANTES”

De la mano del relámpago de diciembre y con 19 votos, Adela Gil ha entrado por la puerta grande en su primera participación en desafiosliterarios. ¡Enhorabuena Adela! Bienvenida.

PUNTO Y COMA

Lo primero que he hecho tras salir del psiquiátrico esta mañana, tras mes y medio de estadía y pensar tanto que casi enloquezco de veras, es tatuarme un punto y coma tras el lóbulo de la oreja derecha, por si había dudas. El distintivo de los suicidas vivos, un recordatorio para no olvidar, cincelado con cierto disimulo para acreditarme como parte del selecto club, más numeroso del que nadie querría reconocer. Además, no puedo ocultarlo: el episodio fue tan sonado que se enteró todo el mundo, así que lo mismo da esa cicatriz. Ya he tenido que escuchar los “ni se te ocurra volver a…” y esas lindezas que rayan en lo teológico. Lo que no saben es que estoy embarazada. Una vez quise morir por ello, tan incapaz me autovaloré; lo he reconsiderado y creo que sólo más vida saldará cuentas con esta perra vida. Punto.

NOTA: agradecimiento especial a Mara Marley, cuya habilidad e ingenio gráfico quedan patentes en los carteles de este post.

 

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Debo darme

Debo darme

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Todos,de una manera u otra,
nos dejamos atrapar por un ritmo alocado de vida,
mas cuando despertamos de ese letargo involuntario,
descubrimos que no le hemos dado a nuestros días
ése sabor único que nos provoca realizar
ésas pequeñas cosa que nos hacen sentir plenos…
Debo darme ese tiempo que me hace tanto bien
caminar descalza por la playa,
deleitarme con la incomparable melodía del mar,
salir con mi rostro al viento,
permitirle a la lluvia que empape mi ser de frescura,
volver al pasado con mis recuerdos,
y sonreír por momentos compartidos con los que ya no están,
entonar las canciones que hace siglos no canto,
escribir los poemas que han quedado sin parir,
olvidar por un momento,
cuánto dolor hay en el mundo y reír por tonterías,
borracha de momentos únicos,ricos,irreemplazables,
como los que hoy me estoy debiendo….

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Carroñeros

Carroñeros

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Llegué cansada, me quité los zapatos y, aligerando mi ropa, me recoste en el sillón.  Necesitaba desconectar y entonces, los vi.
Allí estaban, sentados, maquillados por profesionales y luciendo las hinchadas cicatrices de múltiples maniobras para  mejorar sus facciones, ajadas por el tiempo y los excesos.
Se equivocaban, su fealdad era mucho más profunda,  debían haber recurrido a un hechicero, un cirujano de almas o un exorcista.  Su podredumbre se  vislumbraba en los gestos de complicidad que intercambiaban entre ellos.
Buscaban,  como carroñeros, sabrosos defectos en otros tantos vividores, por otra parte, tan nauseabundos como ellos mismos y, entonces, sentí la violencia de sus mutuos zarpazos que,  en el caso de seres equilibrados, podrían haberlos hundido para siempre.
Apagué la tele.
Lo peor de la basura es que te la vuelquen en casa.

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Sanando el alma

Sanando el alma

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«Una niña  vestida de negro pasea sobre el murete que salva la distancia de altura entre la calle y una casa con porche.

Sube desde el nivel del suelo hasta cerca del tejado y baja de nuevo. El vacío que queda a derecha o izquierda la llama y siente la necesidad de lanzarse a él. En el portal hay una caja muy fea. Su mamá está dormida dentro. La ha besado. Tiene la cara muy fría  por eso se escapa corriendo al muro. Espera que ella la vea y salga a buscarla ya que tiene prohibido subirse allí. Cansada se sienta. Llora cuando los hombres se llevan la caja con su mamá».

La niña creció arrastrando esta soledad. Era ya tiempo de cambiar su recuerdo de infancia.

En el vacío del  muro colocó la figura blanca de un Ángel con la mano extendida hacia ella

Y dejó de sentirse sola….

 

 

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El sedal

El sedal

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Estiró hacia atrás el brazo haciendo que se balanceara el anzuelo en el aire y con un enérgico movimiento de codo lo lanzó lo más lejos que pudo. El silbido del sedal desenrrollándose  le recordó aquel otro del filo de la tijera rizando cintas para regalos. Había decidido rebelarse contra el tiempo de prisas y compras impuestas porque estaba firmemente convencido de que la ilusión por hacer feliz a alguien tenía que ser otra cosa. Una leve onda concéntrica en el agua y un pequeño tirón lo devolvieron a la quietud de aquel pedacito de costa que era su escondite favorito. Mientras recogía fácilmente carrete se daba cuenta de que su adversario no presentaba apenas batalla y cuando lo sacó del agua no le costó identificar a uno de aquellos peces de colores únicos. “No volveré a pescar uno igual”…  Liberado de la trampa, alguien feliz se sumergía de nuevo.

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