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Los que tengan mi edad, asociarán este título con una conocida canción de los Héroes del Silencio. No es mi intención hablar de ellos, pero sí de “la chispa”.

Se le puede dar muchos nombres. Antes, en la antigua Grecia, eran las musas las que otorgaban este regalo. Me refiero a ese destello que te hace imaginar una historia entera en décimas de segundo. La escritura, como el resto de la cultura, se enlaza con sí misma o con otras artes para continuar un bucle infinito de erudición y maestría.

¿Qué os inspira? Es la pregunta me gustaría haceros. Sé que la variedad es inmensa. A mí, la saga Blood Wings, se me ocurrió en medio de una charla sobre la vida y la muerte. Ahora quiero escribir una novela más personal, que me vino a la cabeza escuchando “Tierra”, de Xoel López. Víctor Hugo fue a Notre Dame cuando le iluminó la historia del jorobado.  Como éstas, hay millones de historias.

¿Qué será lo próximo que nos inspirará? Yo, que aún tengo numerosas ideas por plasmar, deseo que llegue ese momento. Si escribir una novela es una relación, la chispa inicial es como enamorarte. Dar forma a nuevos personajes, a un drama y un desenlace que haga encajar la piezas. Una sensación que me hace sentir vivo; que otorga, al escritor, una peculiar mirada y unos ojos inquietos en busca de algo único: la chispa.

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