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niño libro photo

Estoy convencido de que no soy el primero, ni el último, que ha llegado a esta conclusión. Leer, cada vez, es un hábito menos común. La oferta de ocio es más variada que hace 20 años, los estímulos mayores y las distracciones más atractivas. Esto hace indispensable que tan sano hábito se inculque desde la niñez, pero… ¿lo estamos haciendo bien?

Recuerdo que, en mi infancia, me encantaba devorar un buen libro: sumergirme en su mundo, entender al personaje, descifrar su historia…; sin embargo llegué a aborrecer esta sana costumbre. ¿Los culpables?: las lecturas impuestas. Podía estar disfrutando con un relato de Julio Verne y tener que dejarlo a un lado para abordar El Lazarillo de Tormes, La Regenta, La Casa de Bernarda Alba o Luces de Bohemia. No dudo del gran peso literario de estas obras, pero, a mí, me hicieron detestar el papel.

Este interés, que tanto cuesta cultivar, no debe ser una imposición a base de ideas históricas, sino un descubrimiento que, como niños, deberíamos hacer. La cuadriculada visión de nuestros enseñantes (no me refiero al profesor de turno, sino al que redacta los planes de estudio) nos impide lanzarnos hacia un mundo de fantasías. Convierten un arte en una tortura (no en todos los casos), el ocio en tedio. No soy el único que piensa así, conozco a muchos que dejaron de lado los libros después del instituto

. Allí nadie le enseñó lo bueno que había dentro de las solapas.

Pues nada, seguro que habrá muchos casos diferentes, gente que adora la manera que se le inculcó la plasticidad de la lectura. Por mi parte, cambiaría muchas cosas en esta materia. Que disfrutéis de vuestras letras.