Hoy, como tantas otras veces, las musas están en silencio, un silencio profundo, un silencio frio, sin embargo lleno de vida, una vida que esconde su presencia sin que yo pueda imaginar por qué.

Siento la música, siento las letras, siento la danza, siento el amor. Y aún y sintiendo me lleno de ausencias y no encuentro palabras para dar salida a las imágenes que desfilan delante de mí.

Hay un bosque de árboles muy altos, que besan los cielos y se esconden entre las nubes, nubes blancas como bolas de algodón. Las hojas de sus ramas son acorazonadas; debe ser un árbol todo corazón. La brisa sopla entre las hojas y entona una melodía que transmite a los árboles de  su alrededor. Las hojas se visten con trajes de gala, algunas de rojo otras de ocre o de amarillo para danzar su último baile y convertirse en alfombras que adornaran la  tierra alrededor de quien fue su dueño. El árbol que las mantuvo cautivas para mayor belleza y esplendor.

Huelo la tierra después de la lluvia, y me uno a la danza de los rayos del sol, que como cuchillos traspasan las ramas de forma oblicua, porque el verano se fue de vacaciones y el otoño llegó. Exuberante entra a formar parte de los sueños, esos que se quedan dentro del alma, agolpados hasta ahogar la imaginación, esos que languidecen mirando como las hojas cambian de color. El aire las lleva en su regazo y decide dejarlas en algún rincón. Allí languidecen como mis sueños, esperando una nueva ocasión; esa que todo lo transforma y crea nueva vida donde antes hubo un vacio sin forma ni letras, solo un suspiro eterno de amor.

Montserrat Palau Iglesias

Mi pasión, mi necesidad: escribir, comunicarme, penetrar en el mundo de las pequeñas cosas; unirme a la vida y contagiar.

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