Estoy sentada sobre la arena de la playa, en la posición del loto. Una brisa suave acaricia mi piel.  Es fresca, limpia, el primer soplo de aire de la mañana al amanecer. Un cielo teñido de rosa anuncia que el sol no tardará en salir por el horizonte. Cierro los ojos y mi respiración se acompasa al vaivén de las olas. El aroma a salitre y yodo, junto al susurro del mar llena mis sentidos de sensaciones agradables. Silencio solo roto por el graznido de las gaviotas saludando al nuevo día.
La soledad es absoluta, pero no estoy sola. La Vida me rodea, y me siento una con ella.
Una leve caricia en el rostro me anuncia que el sol está despertando de su sueño nocturno, y abro los ojos para recibirlo en todo su esplendor….

El ciclo se ha completado. La luz nace de nuevo, dejando a un lado las sombras de la noche, llevándose con ella los miedos y las angustias. Experimento la misma sensación  que debieron sentir nuestros antepasados cuando veían amanecer. Y al igual que harían ellos, saludo al gran disco dorado y le agradezco no haber muerto durante el periodo de oscuridad, dejándome  vislumbrar el  nacimiento de  un nuevo día.
No debo olvidar que gracias al Sol la Vida puede seguir existiendo en la Tierra.
26.8.08

Nicole Regez

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