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Mónica activó su despertador. Me ha dicho que le encanta ver el amanecer. A las cinco quince suena la alarma con insistencia. La oscuridad es total, todavía no amanecerá, ella vuelve a la cama y duerme plácidamente. No puedo conciliar el sueño.

Decido salir en busca del amanecer. La playa está solitaria. Un viento fuerte mece las palmeras. Algunas personas comienzan el día corriendo por la playa o el andador. Un perro orina sobre las adelfas,  lanza un poco de arena con las patas traseras sobre sus desechos.

Deambulo sobre la playa. Los rayos del sol se niegan a aparecer. Sigo el andador para averiguar hasta dónde llega. A la derecha hoteles y comercios, a la izquierda la playa y el mar. Cocoteros se balancean al ritmo del viento.

Empieza a clarear. Un azul cobalto y translúcido aparece en el horizonte pero del sol no veo nada. El cielo se encuentra lleno de negros nubarrones. Hoy no tendré el gusto de disfrutar de la maravilla del amanecer.

Regreso a tiempo para el desayuno. Mónica insiste en que pruebe los mojuelos y la leche, afirma que tienen un sabor especial, propio de la zona. Acepto con los primeros. Saben a buñuelo.

Una lluvia cálida cae gran parte de la mañana. Mónica no permite a su hijo que entre al mar, así que caminamos sobre el andador a todo lo largo. Un chipi chipi nos acompaña de vez en cuando. Mis amigos gozan de un excelente apetito. No perdemos ninguno de los alimentos en el hotel.

El menú del almuerzo varía poco. Siempre hay dos tipos de arroz y otros tres de carne, vegetales y verduras.  Demasiadas féculas para mí. Intentaré comenzar a balancear mi alimentación. Temo regresar con varios kilos de más.

La lluvia ha remitido. El niño se empeña en bañarse en el mar a pesar del mal tiempo. Prefiero caminar para conocer el centro de la población y el muelle Toninos, mañana saldremos de él para conocer el acuario. Quiero prever y evitar que  perdamos el viaje.

Voy preguntando hasta localizar el lugar. El pueblo no es grande, unas cuantas calles. Me ha tomado veinte minutos  llegar al muelle entre parada y parada curioseando en los comercios.

Regreso con la tranquilidad de haber ubicado el muelle de donde partiremos. Rumbo al hotel voy descubriendo estatuas que representan personajes típicos del lugar: la mujer negra con turbante, el hombre que toca las maracas, el corsario, el rasta. Es hora de la cena y ya me esperan los amigos.